Cantar a La Habana con la música de Dios

Por: Yarelis Rico Hernández

Moisés Santiesteban, este último, a cargo de la dirección musical y la coordinación general
Moisés Santiesteban a cargo de la dirección musical y la coordinación general
Moisés Santiesteban.
Moisés Santiesteban.

Hace más de seis años nació en el Centro Cultural Padre Félix Varela la Cátedra de Música Sacra. Tres personas inspiraron su origen, el entonces arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega Alamino, el rector de dicha institución católica, el presbítero Yosvany Carvajal Sureda y el organista y pianista Moisés Santiesteban. Si bien el Gabinete en Patrimonio Musical Esteban Salas, de la Oficina del Historiador, venía realizando esfuerzos por desempolvar los repertorios sacro-musicales de la época colonial en Cuba y ponerlos al día en el plano religioso, nadie con más obligación que la Iglesia católica para redescubrirlos al público y en especial a sus fieles.
Nombres como los de las musicólogas Miriam Escudero y Gabriela Rojas acompañan la silenciosa y minuciosa dedicación por sacar a la luz un acervo documental de alto valor en la memoria musical de nuestros templos. Pero… y retomo lo ya dicho, también la Iglesia, como institución, debía, de alguna manera, acompañar tal empeño.
Con la visita a Cuba de san Juan Pablo II, en enero de 1998, resultó encomiable la formación coral que realizara la maestra Alina Orraca para acompañar este acontecimiento. Un punto de apoyo importante fue el trabajo de rescate musical que venía desarrollando en La Habana la músico sacro Ada Ravelo; una obra que, aunque silenciosa, resultó muy valiosa, si pensamos, sobre todo, en la postura asumida por esta laica comprometida en una época marcada por las migraciones de músicos en masa y una Iglesia pobre que no tenía todavía la conciencia y la capacitación para salvaguardar el patrimonio sacro musical documental. Corrían, además, tiempos postconciliares y el empeño por producir una música de Iglesia que resultara más cercana a la cubanidad, traía como consecuencia una ruptura con la tradición organística desarrollada hasta ese momento. Poco a poco, los órganos fueron cayendo en desuso.
Estas y otras realidades pudieron despertar el interés del padre Yosvany Carvajal Sureda, párroco de la Catedral de La Habana y rector del Centro Cultural Padre Félix Varela en crear una Cátedra de Música Sacra. Así piensa el organista Moisés Santiesteban, a quien el presbítero hizo la propuesta de establecer estudios en el campo de la música sagrada. Hoy, aquella idea es un hecho que se materializa, principalmente, en la celebración anual de una semana dedicada por completo al conocimiento y difusión de una música que busca acercar el corazón de las personas a Dios.
Sobre este interesante proyecto conversamos con su coordinador, el músico Moisés Santiesteban. Insiste en presentarse como “un protestante convertido al catolicismo”. Justo como protestante inició sus estudios de órgano en el Instituto Católico de Música Sacra y Pedagogía Musical de Ratisbona (Hochschule für katholische Kirchenmusik und Musikpädagogik Regensburg, HfKM). En este apartado es importante tomar en consideración el interés que mostrara la Oficina del Historiador (representada en las doctoras Miriam Escudero y María Antonia Virgili, esta última catedrática de la Universidad de Valladolid) por formar un organista que cumpliera funciones en el entonces recién restaurado órgano de la iglesia de Paula. Este interés, unido al del joven Moisés por interpretar los repertorios al órgano con la mejor preparación posible, motivó las primeras conversaciones con la flautista Claudia Gerauer y el organista y profesor Stefan Baier, ambos docentes del prestigioso instituto católico de Ratisbona.
Una vez obtenido el visto bueno por parte de Baier (hoy rector de dicha institución alemana), se sostuvo una reunión con el cardenal Jaime Ortega, quien se mostró muy interesado en la preparación del músico para el enriquecimiento cultural habanero y para retomar las tradiciones organísticas en Cuba tras casi cuarenta años de silencio. El propio cardenal escribió al obispo de Ratisbona, Mons. Gerhard Ludwig Müller, quien vio el proyecto de manera positiva y dio luz verde para que el músico cubano iniciara sus estudios en órgano. En pago, y previo acuerdo con el cardenal Ortega, Moisés prestaría servicios como organista en la Catedral cuando se le llamara. Así lo hizo en ocasión de las celebraciones por el cuarto centenario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre. En ese momento trabajaba, además, con el conjunto de música antigua Ars Longa de la Oficina del Historiador de la Ciudad y desarrollaba labores como músico sacro en la Iglesia Evangélica de Cuba Los Pinos Nuevos, de la que sus padres son pastores retirados. De ella proviene casi toda su familia.
¿Existe alguna relación entre tu conversión al catolicismo y el nacimiento de la cátedra de Música Sacra?
“En realidad cuando lo pienso diría que sí, no de una manera directa, pero lo uno llevó a lo otro. Y es que mi deseo ha sido siempre servir a Dios desde la música. Durante algunos años, y a partir de mi formación teológica en la Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos de la Universidad de la Florida (FLET), inicié una búsqueda de varios años con el fin de pertenecer a una comunidad de fe donde me sintiera vinculado con la rica y vasta tradición de la Iglesia. Me resultaron muy iluminadoras las conversaciones sostenidas con mi padrino, el padre Fernando Pijúan, por entonces estudiante del Seminario, y con el sacristán de la Catedral, Felipe Winston. Ellos me ayudaron a esclarecer mi pensamiento y abrazar, como expresión y camino de fe, el dogma, el credo y tradición de la Santa Iglesia Católica.
”Meses después de haber tomado los sacramentos de iniciación y del matrimonio con el cardenal Jaime Ortega en una humilde pero para mí emotiva ceremonia en la capilla del Sagrario de la Catedral, el padre Yosvany me comentó sobre el proyecto de crear una Cátedra de Música Sacra dentro del Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela. Ya yo estaba haciendo funciones como organista titular de la Arquidiócesis de La Habana y realizaba estudios de licenciatura en interpretación al órgano bajo la tutela del profesor Stefan Baier en Alemania. Me pidieron que presentara un proyecto sobre el contenido que pudiera tener esa cátedra. Incluimos, por supuesto, estudios, porque un instituto lo primero que contempla es estudio. Sumamos también restauración de instrumentos, o sea de órganos, y ediciones de partituras. Las propuestas de estudio, así como el principal evento de la Cátedra, la Semana de Música Sacra de La Habana (SMS Habana), han contado desde sus inicios, en el año 2014, con la tutoría académica y cooperación del Instituto Católico de Música Sacra y Pedagogía Musical de Ratisbona”.

¿Por qué consideras la Semana de Música Sacra el evento principal de la Cátedra?
“Siendo un evento organizado entre la Cátedra de Música Sacra del Centro Cultural Padre Félix Varela y la HfKM Regensburg, y entre los arzobispados de La Habana y Ratisbona, y con la colaboración de instituciones nacionales e internacionales, la Semana de Música Sacra nos da mayor visibilidad no solo en el ámbito eclesial, sino dentro de las propuestas culturales de la ciudad. Hablamos de toda una semana especializada en el tema sacro-musical, que a través de talleres, conferencias y conciertos se convierte en un mensaje de épocas pretéritas y contemporáneas tanto para el pueblo cristiano como para los amantes de la cultura sacra. Es, sin dudas, una propuesta cultural que ha buscado desde sus inicios suplir en lo académico lo que el sistema de enseñanza musical cubano no ha desarrollado como línea estable de estudio; me refiero, sobre todo, a los dos talleres que acompañan las SMS Habana desde su primera edición: el taller de canto gregoriano y el de interpretación al órgano.
”La propuesta no solo ha motivado el acercamiento de los fieles que realizan las funciones musicales en nuestra parroquias, sino que se ha convertido en un medio de superación relevante para estudiantes de los distintos niveles de música, así como para profesionales del Centro Nacional de Música de Conciertos de La Habana y de otras instituciones en la Isla.
”De una primera semana que comenzó con un concierto y dos talleres, llegamos a la más reciente, la sexta, que incluyó, como mínimo, siete conciertos y muchos más talleres, más conferencias, más propuestas audiovisuales, exposiciones de fotografía, de artes plásticas… A esto se suma el apoyo de los medios de comunicación no solo de la Iglesia, también de instituciones estatales y publicaciones digitales. Hemos recibido, además, el reconocimiento de prestigiosos músicos, entre ellos el maestro Juan Piñera, quien ha escrito composiciones para hacer un concierto casi íntegro de su obra en este espacio. Esto nos demuestra que nuestra carta de presentación sigue siendo la Semana de Música Sacra (SMS Habana)”.

Ahora bien, todo comenzó por ahí, pero ¿qué pasó después dentro del objetivo estudio?
“En el contexto de las celebraciones de la SMS Habana surgió la idea de un Diplomado en Música Sacra que contaría con la tutoría académica de HfKM Regensburg. La idea es preparar un personal sensible a las funciones de un músico sacro que pueda suplir las necesidades sacro-musicales en nuestras parroquias, así como estar capacitado para una defensa mucho más completa de estos repertorios en las escenas culturales”.

Una idea que nace de la Iglesia, debe tener, en mi criterio, un provecho pastoral, y esto no se contrapone con un resultado que beneficie y amplíe la cultura del país. Ya sabemos el interés del Centro Cultural Padre Félix Varela, pero ¿qué ha querido la Arquidiócesis de La Habana con esta Cátedra?
“Elevar el nivel del culto católico, el nivel musical de la liturgia: ese es el interés que se mantiene como principal. Y luego, contribuir para que este repertorio se siga dando a conocer en el ámbito cultural. Lo que jamás imaginé como coordinador es el impacto cultural que ha tenido el proyecto de la Cátedra dentro y fuera de la Iglesia.
”Cuando el cardenal Jaime dirigía la Arquidiócesis, ya se potenciaba el ala pastoral de la Cátedra a través de los talleres para músicos de parroquia en la Semana de Música Sacra. Este sentir pastoral se ha seguido amplificando con nuestro actual arzobispo, Mons. Juan de la Caridad García, y en vacaciones comenzamos a impartir seminarios a músicos de parroquia. Son personas de fe, muy dedicadas, pero que no tienen conocimientos ni herramientas de lectura musical, solfeo o dirección, a las que damos una formación preliminar para que puedan elevar el nivel de la música en sus comunidades. El año pasado iniciamos este tipo de seminario que pretendemos fomentar en el presente. Si bien desde nuestra primera edición de la Semana desarrollamos un taller para canto coral y un taller para dirección coral enfocados en músicos de Iglesia, un estudio así, un poco más ambicioso, no lo teníamos”.

Sin alejarnos del objetivo estudio y abriéndonos ahora a un nivel de especialización, en el caso del diplomado, ¿quiénes pueden optar por él?
“Este diplomado tiene dos años de duración y es bastante ambicioso, pues viene a ser casi la mitad de una licenciatura. Por supuesto, es para músicos profesionales y contempla su formación como directores, organistas y cantantes corales. Su programa incluye elementos de liturgia y de la música sacra. Hay comunidades que se ven beneficiadas por este tipo de modalidad de estudios, pues tienen músicos graduados de los niveles medio o superior que lo están cursando”.

Resultaría ideal que un buen número de las comunidades católicas se beneficiara con músicos egresados de este diplomado.
“Ese es el objetivo, pero es difícil, porque tienen que confluir varias cosas. Primero, hallar el músico que sea sensible a la religión, que pertenezca o quiera formar parte de una comunidad de fe y que, al mismo tiempo, esté capacitado musicalmente y se quiera comprometer al quehacer musical en una parroquia y esta, a su vez, quiera considerar la función del músico como un oficio y esté en condiciones de ofrecer un honorario por sus servicios.
”De los graduados de la primera generación dentro del ámbito eclesial, la músico Susana Hernández realiza este trabajo. Primero fue la músico sacro de la Catedral de La Habana y ahora está en la iglesia San Francisco de Asís, donde se encuentra el segundo órgano más antiguo de la diócesis”.

Ahí se cumple el sueño completo: un músico que está pretendiendo elevar el nivel musical de la Iglesia, hijo de la Cátedra y tocando, además, un órgano restaurado.
“Este no es un caso único. Otros dos músicos, aún en formación en el Diplomado en Música Sacra, realizan sus funciones y confirman sus conocimientos como músicos sacros de manera comprometida al servicio de la Iglesia. Es el caso de Antonia Reicino, actual músico sacro de la comunidad que se reúne en la Catedral y de Ramón Leyva, quien realiza sus funciones en la parroquia San Juan de Letrán.
”Un contenido que incluye la formación en el Diplomado en Música Sacra es la producción: los estudiantes están llamados a participar activamente en las funciones de producción de los distintos eventos y actividades, pues un músico de Iglesia tiene que ser, además, un productor musical, lo mismo ensaya el coro, que toca el órgano, que canta un salmo, que concibe un programa festivo para Navidad, monta las luces, el audio… en fin, tiene que ver con muchos elementos en la vida de la parroquia”.

Uno de los enfoques iniciales de la Cátedra fue la restauración de instrumentos. Si bien en un principio no se hizo mucho alarde de ello, hoy se está llevando a cabo. ¿Cuántos órganos habaneros se han restaurado gracias a la gestión de la Cátedra?
“Acabamos de hacer un trabajo de coordinación para la restauración e inauguración del segundo órgano más antiguo de la diócesis. Me refiero al órgano Merklin-Schütze, cuyo emplazamiento original estuvo en la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad y hoy se encuentra bajo la custodia de la Cátedra en la iglesia San Francisco de Asís. Este proyecto de restauración, encargado por Alemania al organero suizo Ferdinand Stemmer, ha sido el resultado de la cooperación entre el Arzobispado de La Habana, el Sr. Embajador Thomas Neisinger, la Embajada de la República Federal de Alemania en Cuba, el organista, el Centro de Órganos Bálticos de Stralsund (Baltisches Orgel Centrum, BOC), el Buró de Patrimonio de la UNESCO de Stralsund y el Programa de Preservación de la Cultura de la República Alemana.
”Esperamos que este instrumento pueda ser empleado por Susana Hernández, en calidad de músico sacro de esta iglesia, para enriquecer la liturgia que realizan fielmente los franciscanos en esta sede. De igual modo, proyectamos para el instrumento una agenda regular de conciertos y actividades educativas”.

¿Tienen en mente la restauración de otros?
“La idea es revitalizar de manera integral el instrumentarium de nuestra Arquidiócesis comenzando por los órganos más antiguos. Ahora mismo nos interesa mucho recuperar el órgano de la parroquia del Santo Ángel Custodio, templo de una importancia considerable en la vida litúrgica como en la vida cultural del centro histórico”.

¿Cómo asume la Cátedra esta misión restauradora?
“La Cátedra no propicia una restauración directa, pero sí el dialogo con instituciones que deseen y quieran revitalizar estos instrumentos y devolverlos a su función litúrgica y cultural.
”La adquisición de nuevos instrumentos es otra función que asumimos desde la Cátedra. En este sentido recordamos con mucho gozo el año 2015, época en que recibimos varios instrumentos para ser utilizados tanto en celebraciones litúrgicas como en eventos culturales, gracias a las gestiones del organero suizo Ferdinand Stemmer, restaurador del Merklin-Schütze. Me refiero al órgano Graf (Luzern, 1989) donado por las hermanas de Santa Ana de Lucerna y el que ubicamos, a criterio del cardenal Ortega, en la parroquia del Espíritu Santo. El propio Ferdinand, responsable del montaje del instrumento, donó, además, un clavecín que hemos emplazado en el Aula Magna de nuestro Centro Cultural, un armonio que se encuentra en el Sagrario de la Catedral y un órgano de cámara que hemos puesto en función del acompañamiento de las agrupaciones corales en las liturgias y conciertos en esta misma iglesia”.
La Semana de Música Sacra y otras celebraciones nacidas desde la Cátedra son ejemplo de cuánto puede hacerse cuando en un empeño confluyen varias voces… ¿Por qué ese evidente interés por abrirse a la colaboración?
“Es muy importante no olvidar que la creación y desarrollo de la Semana y Diplomado de Música Sacra entran en diálogo íntimo con el Instituto Católico de Música Sacra y Pedagogía Musical de Ratisbona de Alemania y su rector, profesor Stefan Baier. Es la institución donde hice mi licenciatura y donde actualmente curso dos maestrías. ¿Por qué no se puede perder de vista esto? Porque siendo estos los dos espacios más representativos, uno de evento y otro de estudio, es coincidente el apoyo y la colaboración directa de esta institución reconocida como una de las más prestigiosas en el campo sacro-musical europeo. Cuando decimos ‘Ratisbona’, los especialistas rápidamente se forman un concepto de una referencia sobre música sacra muy seria a nivel internacional. A esta institución y a su rector, nuestro agradecimiento.
”Reconocemos también la colaboración del cardenal Gerhard Ludwig Müller, quien acompañó el proyecto original de la creación de la Cátedra, así como la realización de mis estudios, y luego al obispo actual de Ratisbona, Rudolf Voderholzer. Ambos han mantenido la idea de apoyarnos en el Diplomado y de que vengan sus maestros a apadrinarnos en la Semana de Música Sacra de La Habana.
”En aras de la cooperación en pos de la cultura sacra en Cuba hemos establecido relaciones de trabajo importantes con varias instancias de la Oficina del Historiador. A su vez seguimos construyendo relaciones cercanas con el Centro Nacional de Música de Concierto del Instituto Cubano de la Música. De igual modo, contribuimos a la formación de estudiantes de los distintos niveles de enseñanza musical y mantenemos un diálogo estrecho con otras instancias culturales del país. Contamos con la colaboración de secciones culturales de varias embajadas y de organizaciones y universidades de otras latitudes que contribuyen de manera altruista al desarrollo de nuestras propuestas. Cuando de cultura se habla, pienso que todo diálogo es poco, es necesario seguir concretando las ideas, hacer realidad los proyectos. La cultura no es tierra exclusiva de nadie. La hacemos entre todos”.
La sexta edición de la Semana de Música Sacra se sumó a las actividades por los 500 años de La Habana, sin embargo, otras propuestas de la Cátedra llegan en medio de esta conmemoración…
“Este ha sido un año de proyección de nuevos eventos que pretendemos mantener anualmente, de manera que la presencia cultural de la Cátedra no sea una cuestión de un momento sino una constante que garantice la valoración una y otra vez de lo sacro-musical. Me refiero a MusicaNova y a la Semana Internacional de Órganos de La Habana. MusicaNova es un espacio pensado para fomentar la nueva creación; por su parte, la Semana de Órganos, es el portal exclusivo para dar a conocer y promover el patrimonio organístico en nuestra ciudad.
”Coincidiendo también con el 500 aniversario de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana y en el marco del Año Humboldt, nos embarcamos en la aventura de ‘Mendelssohn en La Habana’ por el 210 aniversario del natalicio de Felix Mendelssohn. Este, como es de suponer, no pretende ser un espacio fijo, pero se convierte en una propuesta más. De igual forma, colaboramos en la producción para la puesta en concierto de Un réquiem alemán de Johannes Brahms en la Catedral de La Habana, proyecto organizado por el Lyceum Mozartiano con el concurso de más de doscientos músicos.
”La Cátedra también organiza de manera regular los conciertos de Navidad, la celebración del Sermón de las Siete Palabras y otras actividades culturales de la diócesis. Desde el inicio del año jubilar por el medio milenio de La Habana, asumimos la gestión musical de las celebraciones. A nosotros correspondió la revisión del Himno a San Cristóbal de La Habana compuesto por el seminarista Jesús Enmanuel Gómez. Luego de repasarlo exhaustivamente, encargamos una versión para banda al maestro Rafael Díaz Carter y su primera interpretación fue asumida por otro proyecto de la Cátedra, la Escolanía de la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana integrada por niños y adolescentes y dirigida por la maestra Mailán Ávila”.

¿Cuál sería tu sueño en un futuro?
“Como mínimo, que nuestros músicos de parro-quia cursaran el Diplomado en Música Sacra, y que también nosotros, como Iglesia, estuviésemos en condiciones de poderlos asumir como trabajadores, no para ser exclusivos, ni elitistas, sino para, por medio de ese personal calificado, contribuir a elevar el nivel sacro-musical de nuestra diócesis para gloria de Dios y enriquecimiento espiritual y cultural de su pueblo.
”Tenemos que replantearnos lo que hemos hecho en nuestra historia musical después del Concilio Vaticano II, en cuanto a repertorio e interpretación vocal e instrumental se refiere. Preguntarnos hasta qué punto lo que hemos hecho responde a lo que quería el Concilio, hasta qué punto no; hasta dónde fue prudente en algunos casos romper de manera casi completa con la tradición y hasta qué punto deberíamos dar algunos pasos atrás y recuperar lo que siempre ha sido nuestro.
”Creo que la tarea no es cuestión de una sola persona. Tengo la firme convicción de que lo que proyectamos desde la Cátedra no es un asunto exclusivo para una generación. Pasarán años hasta lograr reencontrarnos de nuevo en una tradición sacro-musical que sí fue nuestra y en la que lo contemporáneo y lo pretérito entran en íntimo diálogo. Por ahora, debemos crear espacios para la revalorización de nuestra realidad. Si algo define el andar de nuestra Iglesia es que novedad y tradición caminan de la mano”.

No es justo demeritar lo novedoso…
“Ni sabio. Lo novedoso debe ser releído y repensado para crear nueva tradición”.

Primero, ¿crees que la Cátedra ha logrado un impacto musical? Si así fuera, ¿a qué se debe?
“Sí, lo creo, y creo, además, que es algo providencial. Pienso que La Habana necesitaba un espacio dedicado a la música sacra y quién mejor que la Iglesia como institución con autoridad primada y, por ende, con sentido de responsabilidad con lo que le es propio, para facilitar este espacio para sus fieles y para los interesados en crear dentro de nuestra rica proyección capitalina”.

Con la seguridad de que se puede ser cada vez más efectivo, el maestro organista Moisés Santiesteban asegura la continuidad de la Semana de Música Sacra. Entre el 8 y el 15 de marzo de 2020 fija su próxima celebración. Será, sin dudas, un evento que festejará el medio milenio de La Habana, pero con la distinción de acercarla más a Dios. Ω

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