Crónica para Ana Cairo

Por: Armando Núñez Chiong

Ana Cairo
Ana Cairo

Seguramente ninguno de los asistentes al Taller “Juan Marinello, su época y sus contemporáneos”, celebrado en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello los días 26 y 27 de marzo, imaginó que la comparecencia de la doctora Ana Cairo en ese centro sería su última presentación en un evento de esa índole. La gran humanista fue sorprendida por la muerte apenas unos días después, el 3 de abril. En noviembre hubiera cumplido 70 años.

El 26 llegó disciplinadamente al encuentro, con cierto retraso y señales de fatiga. Turbada por tener que incorporarse en medio de la intervención inaugural, a cargo de Rafael Suenga Martínez, del Movimiento Cubano por la Paz, se dirigió hacia la mesa de los ponentes, algo que a nadie se le hubiera ocurrido cuestionar, aunque todavía no era el momento de su panel. De todas formas ese también era su sitio, pero después tuvo a bien disculparse ante todos por la “irrupción”.

Su ponencia, titulada “Los domingos de Juan Marinello”, centró la atención en un pequeño libro, conformado por breves reflexiones ensayísticas del autor, casi todas escritas en su tiempo libre, o inspiradas por tareas diversas: Domingos, publicado en 1985.

Ana lo contextualizó, ponderó sus valores, y recomendó una reedición, todo a su conocida manera de obviar apuntes y confiar en ideas que, por tenerlas bien sabidas y mejor interiorizadas, expuso con la elocuencia que, además de innata, le potenciaron cuatro décadas de docencia y conferencias.

Tenía además a su favor, en este como en muchos otros casos, la posibilidad de ser garante agradecida de anécdotas y gestos marinelleanos que allí dejó dichos, pues desde muy  joven la unió al gran ensayista una relación de afecto y trabajo, sobre todo cuando ella estuvo enfrascada en los quehaceres de sus dos primeros libros: El Movimiento de Veteranos y Patriotas (1976) y El Grupo Minorista y su tiempo (1978). Todos le oímos decir cómo el autor de Contemporáneos defendió la idea de que el texto de la entonces novata investigadora “saliera” con nombres y señales, en una época en que tantas exclusiones arbitrarias estropearon más de un aporte valioso al conocimiento de nuestra historia cultural.

Le siguió la también esclarecedora intervención de la doctora Ana Suárez, investigadora del Instituto; luego vinieron comentarios y dudas de los participantes; y  así, con las conclusiones, llegó lo que casi todo el mundo consideró una segunda ponencia de Ana Cairo, estimulada por la mención a textos del autor que hoy no se consideran muy atinados, o la realidad rezagó.

Entonces la profesora habló de contextos y presiones de grupo, e incluso partidistas; de coyunturas complejas; de  compromisos y lealtades que hoy parecen exageradas, pero a las que no siempre es posible sustraerse. Y recordó cómo la correspondencia de Marinello evidencia que sus relaciones personales supo mantenerlas al margen de pasiones y obligaciones políticas, al menos siempre que le fue posible.

Mencionó nombres que luego fueron satanizados por otros, y aseguró que si bien es cierto que la Conversación con nuestros pintores abstractos no es hoy un texto ideal para el estudio de nuestra pintura, también lo es que, además de acatar ideas en su momento muy arraigadas en ciertas zonas extremas de la izquierda, en su hogar Marinello tenía cuadros de pintores que en Cuba cultivaban la tendencia no figurativa: eran regalos de sus realizadores.

De todo eso habló Ana, y antes de que le dedicaran el mayor aplauso del evento, tuvo tiempo para aludir a la nueva constitución de la república, y a la educación actual en el país, y, sobre todo, a recordar otra vez que si algo distinguió a Marinello fue su tendencia a concertar entendimientos. Quedó claro que para ella ese es el rasgo que más hay que atender del autor. Porque, y eso también lo repitió —con suficiente energía para que no se olvide— lo que más necesita Cuba hoy es precisamente “constructores de  consensos”.

Así sea, profesora. Ese es el mejor legado que usted podía dejarnos.

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