Visitando a José Martí en el centro histórico de La Habana

Por: Olga Sánchez Guevara

martí
Parque central en La Habana

Desde niños nos envuelve, nos rodea […]. Él solo es nuestra entera sustancia nacional y universal. Y allí donde en la medida de nuestras fuerzas participemos de ella, tendremos que encontrarnos con aquel que la realizó plenamente, y que en la abundancia de su corazón y el sacrificio de su vida dio con la naturalidad virginal del hombre”.1
“Todo cubano justo y sensible que ha tenido a José Martí entre sus ideales humanistas, así como en sus lecturas y paradigmas intelectuales, acepta poseer una ‘deuda de conciencia’ permanente con él. Eso explica la presencia de la imagen, las metáforas y la ideología martianas en gente nacida en Cuba que ha vivido aquí y en otras tierras, ha pertenecido a diferentes generaciones históricas y culturales, y ha profesado diversos credos y filosofías. Martí ha sido, en buena medida, un acompañante esencial de nuestra existencia […]”.2
“Pero por un milagro de su propio genio, Martí, caído en Dos Ríos, había de erigirse a la vez en hombre de su tiempo y de todos los tiempos; en definidor del presente y anunciador de lo futuro. Porque su obra sigue respondiendo […] a todas las preguntas que sobre nuestra América nos hacemos cada día”.3

La presencia de José Martí en su ciudad no se limita al tránsito temporal de su existencia por las calles y plazas de La Habana, sino que es perpetuada por las imágenes que reproducen su figura en parques y museos. La representación de Martí en las artes visuales varía según la sensibilidad estética de cada época o período de la historia nacional, y de los diferentes estilos, movimientos y tendencias del arte cubano. En un recorrido imaginario por el centro histórico de la ciudad, nos acercaremos a dos estatuas, así como a pinturas pertenecientes a la colección de arte cubano del Museo de Bellas Artes y a otras colecciones.

  1. La estatua en el Parque Central
    En el Parque Central habanero, ubicado entre las calles Prado, Neptuno, Zulueta y San José, se encuentra la primera escultura de José Martí que se colocó en un sitio público.
    Mediante encuesta promovida por el periódico El Fígaro, el 30 de abril de 1899, se había preguntado a personalidades de la época qué cubano insigne debía ocupar el sitio en que antes estuviera la estatua de la reina Isabel II, retirada de su pedestal en ese año. Después la encuesta se amplió a la población en general, y por mayoría fue elegido José Martí. Los fondos para realizar el proyecto se reunieron por la Asociación del Monumento a Martí, constituida en 1900. El costo del monumento se valoró en 4 500 dólares, lo que incluía traer hasta La Habana la escultura encargada a José Vilalta de Saavedra, destacado escultor cubano residente en Italia.
    Construida en mármol de Carrara, la estatua fue develada el 24 de febrero de 1905, en acto encabezado por el Generalísimo Máximo Gómez y el presidente Tomás Estrada Palma, y al que asistieron Leonor Pérez, Carmen Zayas Bazán y Amelia Martí. A las tres y media de la tarde miles de niños desfilaron frente a la estatua; por la noche concluyó la jornada con la actuación de una banda de música.
    Aunque esta es la primera estatua de Martí en un sitio público, no fue el primer homenaje que recibió después de su muerte: en Dos Ríos, el 9 de agosto de 1896, Máximo Gómez pidió a los más de 300 soldados que lo acompañaban que recogieran una piedra del camino y la depositaran en el lugar exacto donde había caído Martí, para formar una pirámide rústica. Y a finales del siglo xix, la emigración cubana de Cayo Hueso colocó en la fachada de la Casa Natal una tarja conmemorativa que aún se encuentra allí.
    En el centro del parque, la estatua de Martí se alza sobre el escudo de su pedestal; con la mano derecha está como indicando el camino, o como pronunciando uno de los discursos que sus contemporáneos calificaron de ardorosos y convincentes. Es grande el parecido con las fotos que conocemos del Apóstol. Lo rodean las palmas que añoraba José María Heredia en su “Oda al Niágara”, y que para Martí fueron también preciado símbolo de cubanía: “Yo soy un hombre sincero / de donde crece la palma…”.
  2. Bellas Artes y el estudio de Kamyl
    Caminando desde el Parque Central rumbo al mar por la calle Zulueta, llegamos al Museo Nacional de Bellas Artes. Fundado el 28 de abril de 1913 por el arquitecto Emilio Heredia, el Museo tuvo en sus inicios varias ubicaciones en la capital, hasta que en 1955 se inauguró el edificio que actualmente alberga la colección de arte cubano, en Trocadero entre Zulueta y Monserrate.4
    Recorrer toda la iconografía martiana en el Museo Nacional va más allá de nuestras posibilidades en tiempo y espacio. Una aproximación a la vastedad de esa iconografía fue la exposición “Como un baño de luz”, presentada en el Centro Hispano-Americano de Cultura en 2015, para conmemorar los 120 años de la caída en combate del Héroe Nacional. En la muestra se exhibieron cuarenta obras de artistas como Federico Edelman, Armando Menocal, Esteban Valderrama, Jorge Arche, Eduardo Abela, Adigio Benítez, Pedro Pablo Oliva, Raúl Martínez, Carlos Enríquez, René Portocarrero, Nelson Domínguez y otros.
    En el Museo Nacional solo nos detendremos ante dos cuadros. Comenzaremos con uno de las más conocidos, el Martí pintado por Jorge Arche en 1943: una ventana abierta al paisaje campestre cubano, por la que se asoma el Apóstol vestido de guayabera blanca, con una mano sobre el pecho y la otra sobresaliendo fuera del marco.
    Sobre el Martí de Arche ha comentado el crítico Israel Castellanos León:
Arche
Martí, Jorge Arche. 1943.

“…constituye, sin duda, su retrato más logrado y el que lo ha hecho trascender de modo especial en la historia del arte cubano. En esta pintura, el paisaje rural de fondo no es un mero telón, pues alude a la tierra que el Apóstol se vio forzado a abandonar y a la cual regresó para morir. Las manos tampoco están cruzadas, ociosas. Una señala y trata de cubrir la herida, el tajo ¿mortal? en la ropa blanca; y la otra se apoya en el marco, insinuando salir del espacio pintado, de esa realidad ‘otra’, y pasar a la del espectador del momento, como si buscara actualizarse permanentemente”.5

La muerte de Martí en Dos Ríos ya había sido tema, en 1917, de un cuadro de Esteban Valderrama. Pero el pintor, al verse hostilizado por la crítica de su época, decidió destruir la obra, de la que solo quedaron algunas fotos. En 1939, como parte del proyecto para un mural homónimo, Carlos Enríquez pinta “Dos Ríos”, cuadro que, enviado por los amigos del pintor al concurso convocado en 1953 en ocasión del Centenario de José Martí, conquistó el premio en pintura de ese concurso.

Dos Ríos, Carlos Enríquez. 1957.
Dos Ríos, Carlos Enríquez. 1957.

Entre las transparencias características de Enríquez, se ve a Martí en los brazos de una dama pálida que lo besa. ¿La muerte? “Besa en la frente la dama blanca / a los que deben morir temprano”, escribió Juana Borrero. ¿La patria? “Cuando se muere / en brazos de la patria agradecida / la muerte acaba, la prisión se rompe, / ¡empieza al fin con el morir la vida!”, escribió el propio Martí. El caballo asustado gira con el resto del cuadro en medio de un onírico remolino, un sueño del que se espera despertar para descubrir que no es cierto que haya caído el héroe.
A unos metros de Bellas Artes, en la plazuela junto a la iglesia del Santo Ángel –donde fue bautizado José Julián Martí y Pérez– se halla el estudio de Kamyl Bullaudy, quien se define a sí mismo como “pintor y martiano”. Nacido en 1962 en Velasco, Holguín, estudió en la Escuela de Arte de Las Tunas, donde se graduó en 1991. Según cuenta en una entrevista, una noche de 1995 le resultó profética: “No podía dormir, no podía conciliar el sueño. Fue algo extraño porque tenía a Martí en mi mente, y me levanté y empecé y amanecí pintándolo”.6 Desde entonces José Martí es una presencia constante en la obra de Bullaudy, quien lo ha representado en múltiples facetas y con diversas técnicas. “Pintar al Apóstol es mi gran pasión. Resulta difícil conseguir una imagen nueva, pero siempre habrá un diálogo diferente, un concepto renovador y un pensamiento por llevar al arte. La deuda es infinita”.
Kamyl es miembro de la junta nacional de la Sociedad Cultural José Martí y de un Club Martiano, y afirma que para él Martí “es un miembro más de la familia […]. Tengo tierra de Dos Ríos. Detrás de la cama hay una gran tela con él dibujado, es como mi ángel guardián. Él es como mi vecino, mi padre, converso con él”.
Tal vez por eso es evidente la ternura en sus cuadros, como sucede en “Los dos príncipes”, donde el ya mítico personaje de Saint Exupéry toma de la mano a ese entrañable príncipe del espíritu y la virtud llamado José Martí. Al mismo tiempo, el título del cuadro alude al conocido poema de Helen Hunt Jackson que tradujo Martí para La Edad de Oro.

La muerte de Martí en Dos Ríos ya había sido tema, en 1917, de un cuadro de Esteban Valderrama. Pero el pintor, al verse hostilizado por la crítica de su época, decidió destruir la obra, de la que solo quedaron algunas fotos. En 1939, como parte del proyecto para un mural homónimo, Carlos Enríquez pinta “Dos Ríos”, cuadro que, enviado por los amigos del pintor al concurso convocado en 1953 en ocasión del Centenario de José Martí, conquistó el premio en pintura de ese concurso.
Entre las transparencias características de Enríquez, se ve a Martí en los brazos de una dama pálida que lo besa. ¿La muerte? “Besa en la frente la dama blanca / a los que deben morir temprano”, escribió Juana Borrero. ¿La patria? “Cuando se muere / en brazos de la patria agradecida / la muerte acaba, la prisión se rompe, / ¡empieza al fin con el morir la vida!”, escribió el propio Martí. El caballo asustado gira con el resto del cuadro en medio de un onírico remolino, un sueño del que se espera despertar para descubrir que no es cierto que haya caído el héroe.
A unos metros de Bellas Artes, en la plazuela junto a la iglesia del Santo Ángel –donde fue bautizado José Julián Martí y Pérez– se halla el estudio de Kamyl Bullaudy, quien se define a sí mismo como “pintor y martiano”. Nacido en 1962 en Velasco, Holguín, estudió en la Escuela de Arte de Las Tunas, donde se graduó en 1991. Según cuenta en una entrevista, una noche de 1995 le resultó profética: “No podía dormir, no podía conciliar el sueño. Fue algo extraño porque tenía a Martí en mi mente, y me levanté y empecé y amanecí pintándolo”.6 Desde entonces José Martí es una presencia constante en la obra de Bullaudy, quien lo ha representado en múltiples facetas y con diversas técnicas. “Pintar al Apóstol es mi gran pasión. Resulta difícil conseguir una imagen nueva, pero siempre habrá un diálogo diferente, un concepto renovador y un pensamiento por llevar al arte. La deuda es infinita”.
Kamyl es miembro de la junta nacional de la Sociedad Cultural José Martí y de un Club Martiano, y afirma que para él Martí “es un miembro más de la familia […]. Tengo tierra de Dos Ríos. Detrás de la cama hay una gran tela con él dibujado, es como mi ángel guardián. Él es como mi vecino, mi padre, converso con él”.
Tal vez por eso es evidente la ternura en sus cuadros, como sucede en “Los dos príncipes”, donde el ya mítico personaje de Saint Exupéry toma de la mano a ese entrañable príncipe del espíritu y la virtud llamado José Martí. Al mismo tiempo, el título del cuadro alude al conocido poema de Helen Hunt Jackson que tradujo Martí para La Edad de Oro.

  1. La estatua ecuestre
    en el Parque 13 de marzo
    Junto al antiguo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, allí donde las calles Zulueta y Monserrate confluyen para convertirse en la hermosa Avenida de las Misiones, se levanta la réplica de la estatua ecuestre de José Martí que fuera realizada en 1958 por la artista neoyorquina Anna Hyatt Huntington. El monumento original se encuentra en el Parque Central de Nueva York. La efigie de 5,63 metros, única en el mundo donde aparece José Martí a caballo, representa la muerte en combate del Apóstol en Dos Ríos, y se eleva sobre un pedestal de granito negro, a cuyos lados aparece una breve síntesis de la vida de Martí, en inglés y español:
    “Apóstol de la independencia de Cuba, guía de los pueblos americanos y paladín de la libertad humana, su genio literario rivaliza con su clarividencia política. Nació en La Habana el 28 de enero de 1853. Vivió quince años de su destierro en la ciudad de Nueva York. Murió en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895”.

El acto inaugural de la estatua en La Habana se celebró el 28 de enero de 2018, en el aniversario 165 del nacimiento de José Martí, con la presencia de Raúl Castro Ruz, presidente de Cuba, y Eusebio Leal Spengler, historiador de la ciudad, entre otras personalidades.
Anna Hyatt Huntington era ya anciana cuando comenzó la escultura original. A los reporteros de la revista Bohemia que la entrevistaron en 1957, Hyatt les comentó: “Por su compatriota Gonzalo de Quesada supe pródigamente de la obra apostólica de Martí, de sus luchas por la independencia de su patria, de su carácter. Sin la colaboración del señor Quesada mi obra hubiera sido imposible. Veo en Martí, sobre todas las cosas, un profundo espíritu intelectual y un hombre de una rara y exquisita sensibilidad”.7

  1. Dos retratos de Martí
    Entre los cuadros conservados en la colección de la Oficina del Historiador de la Ciudad, se encuentra el que pintó en 1901 Armando Menocal (1863-1932), basándose en una foto del Apóstol que le entregara doña Leonor Pérez. Sobre el arte pictórico de Menocal había expresado el poeta Julián del Casal:

“Bajo el dominio de su pincel, el raso espejea, la seda cruje, el encaje es más vaporoso, la flor ostenta invisibles matices y las piedras preciosas arrojan vivísimos fulgores. Lo mismo puede decirse de la figura humana. El rostro conserva su color; la pupila, su mirada; la frente, sus pliegues; y la fisonomía, la expresión”.8

Pero el único retrato realizado directamente desde el natural, en vida del Maestro, se conserva en la colección del Museo Casa Natal de José Martí. Inaugurado en 1925 como Museo José Martí, allí se atesoran objetos personales y otros relacionados con la vida y obra de nuestro Héroe Nacional. La vivienda se encuentra en la calle Leonor Pérez 314 (la antigua dirección era calle de Paula número 41).
En el cuadro del pintor sueco Herman Norrman se ve a Martí en actitud de escribir; detrás de él hay un estante con libros, y a su lado un tintero. Blanche Zacharie de Baralt, amiga personal de Martí y autora de un libro sobre él, comenta en un artículo:

“La pluma en su mano fina y nerviosa era un atributo que parecía formar parte de su propio ser. Muy bien interpretado está el carácter del escritor de raza en el cuadro del artista sueco Norrman, único retrato al óleo del natural que de Martí existe. Está en el Museo Martiano de La Habana y estuvo muchos años colgado sobre el escritorio del Maestro en su oficina de New York, 120 Front Street”.9

El pintor y literato Federico Edelman dedica al cuadro y a su autor un comentario más extenso:

“Entre los recuerdos más gratos que conservo del Maestro está el de haber visitado, sirviéndome él de cicerone, las primeras exposiciones importantes de pintura que vi en mi vida. […]
”Debido a esa afición por la pintura, hubo de descubrir Martí en la bohemia neoyorquina a Herman Norrman, pintor sueco de gran talento […], quien pintó del natural el único retrato de Martí que existe, y agradecido se lo ofreció al Maestro, que lo apreciaba mucho como obra de arte.
”Este pequeño retrato al óleo, que lo representa sentado a su mesa de trabajo, en su histórico despacho de 120 Front Street en New York […], da una idea cabal y justa del Apóstol”.10

Herman Norrman, nacido en un pequeño pueblo de Suecia en 1864, llegó a Nueva York entre octubre y noviembre de 1887, y volvió a Europa en la primavera de 1891. Después de pasar un año en París, regresó a su pueblo natal, donde vivió trabajando como ebanista y decorador de muebles hasta su muerte en 1906.

“…desde muy joven era capaz de pintar de memoria, y con gran precisión, los robles, los abedules, los pinos y los abetos, y de reproducir la frescura agreste del follaje. […] Puede decirse que el arroyo de la sierra, y no el mar, fue el ambiente de formas, movimiento y colores que nutrieron la sensibilidad artística de Herman Norrman”.11

A modo de conclusión
Hasta aquí nuestro breve recorrido visitando a Martí en algunas de sus representaciones plásticas en el centro histórico de La Habana. Fuera de este centro, quedan por recorrer muchos lugares donde se han emplazado estatuas, bustos y efigies del Héroe Nacional, o que se relacionan con su paso por la ciudad: entre tantos otros, el Martí gigante y pensativo de la Plaza de la Revolución, la estatua en la Biblioteca Nacional y el hermoso retrato pintado por Esteban Valderrama en 1951, que se conserva en el Centro de Estudios Martianos. Como ya habíamos señalado, no es la intención de este trabajo una exploración de la iconografía martiana o su análisis crítico; especialistas en la materia han publicado importantes obras sobre el tema.12 Solo quisimos acercarnos, una vez más, al Apóstol desde la plástica cubana, en la que su protagonismo es innegable. Sean estas líneas un modesto homenaje al hombre de La Edad de Oro: héroe, político, poeta y ser humano excepcional. Ω

Notas
1 Fina García Marruz: “José Martí”, en Ensayos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, p. 9.
2 Manuel López Oliva: “Una deuda de conciencia”: http://www.cnap.cult.cu/actualidad/marti-una-deuda-de-conciencia.
3 Alejo Carpentier: “Martí y el tiempo”, en Anuario del Centro de Estudios Martianos, núm. 26, 2003, p. 181.
4 Las colecciones de arte universal se encuentran en el edificio que fue sede del Centro Asturiano, frente al parque Central.
5 Israel Castellanos León: “Jorge Arche, retratista de la modernidad cubana”, en La Jiribilla, núm. 212, 2006: http://epoca2.lajiribilla.cu/2005/n212_05/mirada.html.
6 Lauris María Henríquez: “Martí es mi asidero espiritual”, en Escambray, 8 de agosto de 2017: http://www.escambray.cu/2017/marti-es-mi-asidero-espiritual-fotos-y-pinturas/.
7 Citado en Marta Rojas: “Obra de amor: el Martí ecuestre de Anna Hyatt”, en Granma, 16 de enero de 2018: http://www.granma.cu/cultura/2018-01-16/obra-de-amor-el-marti-ecuestre-de-anna-hyatt-16-01-2018-23-01-40.
8 Citado por Pedro Antonio García Fernández en “Armando García Menocal, el pintor mambí”: http://www.cubahora.cu/historia/armando-garcia-menocal-el-pintor-mambi-fotos.
9 Blanche Zacharie de Baralt: “Martí, caballero”, en Carmen Suárez León (comp.), Yo conocí a Martí, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2012.
10 Federico Edelman y Pintó: “Recuerdos de Martí”, en Carmen Suárez León (comp.), Yo conocí a Martí, ed. cit.
11 René Vázquez Díaz: “Herman Norrman, el pintor sueco de Martí”, en La Jiribilla, núm. 664, 2012: http://epoca2.lairibilla.cu/articulo/6850/herman-norrman-el-pintor-sueco-de-marti.
12 Véase, por ejemplo, de Jorge R. Bermúdez: Antología visual. José Martí en la plástica y la gráfica cubanas, La Habana, Letras Cubanas, 1999, y Martí, comunicador visual, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2017; así como Iconografia de José Martí, editor Arturo Carricarte, México, Editorial Frente de Afirmación Hispanista, 2017.

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