Iglesia parroquial de Jesús, María y José

Por hermano Jesús Bayo Mayor, FMS

Iglesia parroquial de Jesús, María y José
Iglesia parroquial de Jesús, María y José

La ermita de un emblemático barrio de extramuros

La actual parroquia de Jesús, María y José comprende el territorio delimitado por las calles Egido, Monte, Arroyo y Avenida del Puerto. La Avenida de España (Vives) y la calle Águila dividen el espacio habitado por la población en cuatro sectores. El barrio pertenece al Municipio de La Habana Vieja y tiene dentro de su perímetro históricas construcciones.
A la sombra de esta parroquia y de las ceibas que adornan los parques del sector se fue desarrollando el barrio de Jesús María. Durante los siglos xvi y xvii, los terrenos de extramuros de la ciudad, donde hoy se encuentra, recibieron diversos nombres: Demajagual, Manglar y San José del Real Astillero, pues eran terrenos cenagosos, poblados de majaguas y mangles, en los cuales se construyó después el Real Astillero de San José.
En estos terrenos, desde finales del siglo xvii se formaron asentamientos de pobladores que no tenían cabida dentro de la ciudad amurallada. Al parecer, los primeros en asentarse fueron los “negros curros” que llegaron desde España y se establecieron en este territorio donde construyeron casas de adobe, guano y yaguas, por lo que también fueron conocidos como “los curros del manglar”.1
Después llegaron los obreros y los trabajadores del arsenal, de la factoría de tabacos y del astillero. En 1713 se creó el Real Arsenal en el sector este de extramuros de La Habana, junto a la Puerta de la Tenaza (Puerta Cerrada) en la muralla. En 1717, al declararse el monopolio del tabaco, se fundó la Factoría de Tabacos y Estanco para la compra, almacenamiento y control desde la Metrópoli; esta factoría se instaló en el mismo edificio que había ocupado antes el Hospital del Pilar.2 Como consecuencia del monopolio tabacalero, comenzaron las protestas de los campesinos y la sublevación de los vegueros en 1723.
En 1725 se reactivó el Astillero de La Habana, que era el más grande de América. Y en 1734, por cédula real, se autorizó el traslado del astillero que se encontraba en la bahía, entre las calles Sol y Luz, hacia una zona más alejada de la ciudad intramuros. Sería el gran astillero del siglo xviii situado en el área del litoral donde hoy se encuentra la Estación Central de Ferrocarriles, que pronto quedará totalmente renovada y restaurada.3
En torno al astillero, al arsenal y a la factoría de tabacos fue creciendo la población de extramuros en ese barrio donde se construiría también una ermita. Las fábricas del sector daban trabajo a obreros, campesinos, ganaderos, artesanos y comerciantes. Por otra parte, las ordenanzas de la época sobre urbanización solo permitían construir dentro de la ciudad aquellos edificios y casas que fueran de mampostería y tuviesen cubierta de teja. Las construcciones sencillas (de madera, cal y canto, adobe y techo de guano) debían ser construidas en extramuros, donde se radicaba la gente más pobre: trabajadores manuales, esclavos liberados (negros horros y negros curros), emigrantes ilegales sin residencia fija ni habitación.
La población aumentaba en el barrio, pero había dificultad para que los fieles cristianos participasen en las misas celebradas en los templos dentro de la ciudad. Esta población marginal empezó a ser atendida por los sacerdotes del Oratorio de San Felipe Neri. El superior de esa sociedad en La Habana, padre Manuel José del Rincón, como misionero de esta población, vio la necesidad de construir una ermita en el barrio para prestar atención religiosa a la población. Solicitó permiso al obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, quien autorizó la construcción, probablemente después de consultar e informar a las autoridades civiles. Concedido el permiso, se recaudaron limosnas entre el vecindario y los benefactores para el financiamiento.
Las obras constructivas comenzaron en 1753 y se concluyeron tres años después, de manera que el 6 de noviembre de 1756 fue inaugurada la primitiva ermita en aquel barrio de San José del Real Astillero, formado por trabajadores y artesanos.4 Por eso, se puso bajo el patrocinio de la Sagrada Familia: Jesús, María y José.5 Con el tiempo, la ermita daría nombre al barrio y a la calle que conducía de la ciudad intramuros hacia el barrio de Jesús María. Paradójicamente, con el transcurso de los años se eliminó el nombre de san José, patrono de los obreros y artesanos. Se cuenta que en el barrio había pobladores que buscaban dinero fácil sin trabajar y, como dice el refrán popular, “los juegos de azar y las malas artes atentan contra la clase trabajadora”. Yo prefiero explicar la abreviación por la tendencia del lenguaje a simplificar los nombres, lo que produjo la supresión o elipsis de san José en la toponimia del barrio.
En 1755, el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, en el relato de su Visita Pastoral, nombró la ermita de Jesús, María y José como una de las cuatro que existían dentro del territorio y jurisdicción de la parroquia de Guadalupe (las otras tres eran del Cristo de la Salud, de San Luis Gonzaga y de San Lázaro). Según el relato, las cuatro ermitas tenían una superficie similar (once varas de longitud por seis de latitud y altitud), estaban construidas de cal y canto (mampostería) y tenían techo de teja.
Después de concluirse la urbanización del barrio a mediados del siglo xix, el templo quedó ubicado entre las calles Alcantarilla (actual Vives, o Ave. de España), Revillagigedo, Águila y Puerta Cerrada, con un parque hacia el lado norte del templo en el que han crecido cuatro frondosas ceibas.

La parroquia y su evolución hasta la actualidad

El barrio extramuros de Jesús, María y José fue creciendo cada vez más y la primitiva ermita se amplió y fue declarada parroquia auxiliar por el obispo Santiago Hechevarría en 1773. En los archivos parroquiales se encuentran registrados bautismos, matrimonios y defunciones desde finales de ese mismo año.6
Las partidas de los sacramentos, como puede comprobarse en los Libros de registro, fueron asentadas y firmadas por el teniente de cura beneficiado, bachiller Gregorio Álvarez. La parroquia de Jesús, María y José era auxiliar de Nuestra Señora de Guadalupe, sita en aquel tiempo en la intersección de las calles Águila y Monte, tal como podemos imaginar hoy al considerar el compás que marca el actual Callejón del Suspiro. (Al parecer, mucha fue la gente de este barrio que suspiraba y se lamentaba cuando fue demolido el templo por orden del gobernador en 1763).
El primer bautizo asentado en el Libro 1 (Bautizos de Negros y Pardos 1773-1778) corresponde a una niña de nombre María de la Luz Dámaso Oria y Gómez bautizada el once de diciembre.7 (La textura del papel confeccionado con hilo de seda, la calidad de la tinta y de la caligrafía permiten leer con facilidad los manuscritos, incluso las abreviaturas utilizadas usualmente en la época).
La partida más antigua de matrimonio está asentada en el Libro 1 (Matrimonios de Pardos y Morenos 1773-1821). Según quedó registrado, el día 11 de diciembre de 1773 se casaron Lorenzo Torres, esclavo carabalí, y Josefa Díaz, esclava carabalí, como se lee en el manuscrito conservado.8
En las primeras partidas de bautismo, registradas en el siglo xviii, se indica que la iglesia es parroquia auxiliar. Quien anota y firma es el teniente de cura beneficiado, bachiller don Gregorio Álvarez, quien ejerció en el cargo desde 1773 hasta 1793. Las partidas más antiguas están registradas en los Libros de “Pardos y Morenos” de bautismos y matrimonios, y paralelamente existen otros Libros con los registros correspondientes a “españoles y blancos”. Por este dato podemos deducir la procedencia de los feligreses en la parroquia: español, criollo, carabalí, congo.
Después del huracán que azotó La Habana en 1844, el primitivo templo quedó deteriorado, pero fue restaurado y ampliada su construcción con fondos otorgados por la Corona a solicitud de la Capitanía. Las obras de restauración se concluyeron en 1851, con lo cual el templo fue revalorizado y embellecido. Como consecuencia, en 1852 por real cédula de la reina Isabel II, la parroquia fue calificada como “de término”, al igual que las demás iglesias de intramuros y extramuros de La Habana. Según la usanza de la época, las parroquias tenían un grado que incidía en el prestigio y beneficios de los párrocos, según la magnitud, el ornato y la cantidad de habitantes. Con esta real cédula se reconocía la importancia y el crecimiento demográfico en los barrios extramuros de La Habana.9
El historiador Pezuela en 1863 describe la iglesia en los siguientes términos: “Es de construcción sencilla pero sólida; forma un cuadrilongo irregular de 70 varas de longitud, con costado y fachada a la plaza y calle del mismo nombre (Calle Real de Jesús María). Mide 43 varas de altura máxima en la nave, y la torre tiene 41 varas de alto, cuadrada y con tres huecos en el segundo piso”.
En 1928 se realizó una restauración del templo y se amplió a su izquierda con una capilla lateral dedicada a Jesús Nazareno, cuya cofradía tenía mucha devoción en el barrio. Dicha capilla y la restauración del templo fueron sufragadas con los donativos de los fieles y los aportes de la benefactora Sra. América Arias, viuda del presidente José Miguel Gómez. El templo refaccionado se hermoseó con bancos nuevos de madera noble, piso de baldosa, ventanales, nuevos altares, pintura y luz eléctrica.
Una placa conmemorativa en la que fue capilla de Jesús Nazareno, hoy capilla del Santísimo, reza así:

PARA PERPETUA MEMORIA
SIENDO ARZOBISPO DE LA HABANA
EL EXCMO. Y RVDMO. MONS. LIC.
MANUEL RUIZ Y RODRÍGUEZ
Y PÁRROCO DE ESTA IGLESIA EL
R. P. FRANCISCO GARCÍA VEGA,
SE RESTAURÓ Y HERMOSEÓ ESTE TEMPLO
POR LA FERVIENTE, GENEROSA
E INCANSABLE CONGREGACIÓN
DE JESÚS NAZARENO,
PRESIDIDA POR LA SRA.
ANGÉLICA FERNÁNDEZ DE SÁNCHEZ,
AL QUE SE CONSTRUYÓ UNA CAPILLA,
COADYVANDO A ESTAS OBRAS
SUS NUMEROSOS DEVOTOS Y
ESPECIALMENTE LA VIRTUOSA SRA.
AMÉRICA ARIAS, VIUDA DE GÓMEZ
EN EL AÑO DEL SEÑOR DE 1928.

En la primera mitad del siglo xx, se distinguieron los párrocos Manuel de Jesús Doval (1899-1914) y Francisco García Vega (1915-1958). Entre los dos presbíteros sirvieron a la parroquia durante sesenta años, un largo período de auge pastoral que coincide con la ampliación del templo en 1928 y con el crecimiento económico y demográfico en el barrio, en La Habana y en Cuba. (Recuérdese que la Isla tenía un millón y medio de habitantes en 1900 y pasó a tener tres millones en 1930, para duplicar de nuevo la población en 1960 con seis millones de habitantes). En este período el apostolado parroquial también se extendió a la acción social y educativa, especialmente mediante la escuela parroquial que se construyó adyacente a la iglesia, la que fue dirigida por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, hasta que en 1961 fue nacionalizada.10
Durante los últimos cuarenta años del siglo xx, el templo sufrió deterioro y desgaste constructivo propio de las inclemencias climáticas y del paso de los años. Al mismo tiempo, la comunidad parroquial disminuyó como consecuencia de las circunstancias adversas, aunque siempre se mantuvo el culto en el templo. De venerada memoria, el P. Roberto Caraballo (1958-1980) fue nombrado por el cardenal Arteaga como sucesor del P. Francisco García Vega, y sirvió como cura párroco durante veintidós años. Durante este lapso la parroquia padeció la escasez de recursos económicos y la disminución de fieles, lo que no fue obstáculo para que este presbítero gallego mantuviese su tesón y paciencia. Desempeñó fielmente su ministerio hasta que falleció de repente en enero del año 1981.
Al P. Caraballo le sucedieron de forma interina los presbíteros Jacinto Valladares (capuchino del Cristo de Limpias), René David (del Seminario) y Francisco Padrón (de los salesianos), hasta que llegó en 1984 el P. Michel Martin, perteneciente a los Hijos de la Caridad. La parroquia fue encomendada por el arzobispo a esta congregación hasta el año 2014, cuando por requerimiento de sus Moderadores, salieron de Cuba. Durante este largo período, además de la atención pastoral esmerada, los Hijos de la Caridad realizaron arreglos en el templo y en la vivienda anexa, a pesar de la escasez de recursos, del desgaste constructivo y de la pobreza del lugar.
En el siglo xxi el P. Martirián Marbán dio un fuerte impulso pastoral a la parroquia, en particular, desde la acción social y la catequesis, la pastoral de adolescentes y de trabajadores. También se preocupó por el mantenimiento del templo y realizó trabajos de pintura y renovación del sistema eléctrico durante los años que él estuvo de párroco entre 1998 y 2013.
Después de salir los Hijos de la Caridad de Cuba, el cardenal Jaime Ortega Alamino solicitó a los Hermanos Maristas colaborar en la parroquia y residir en la misma para evangelizar con su presencia en el barrio. La comunidad marista aceptó la solicitud, sin dejar de colaborar en la pastoral juvenil y catequética de la arquidiócesis, en la formación de seminaristas y en el Centro de Estudios Eclesiásticos Félix Varela.
Durante los años 2014 y 2015 se realizaron arreglos y pintura en el templo, a cargo del arzobispado. Estas intervenciones no lograron subsanar las afectaciones del histórico edificio y de su torre, la que había sufrido graves desperfectos con la explosión del buque La Coubre en el año 1960. Los derrumbes acaecidos durante el 2018 en las capillas laterales obligaron a clausurar el templo y apuntalar los techos hasta que sean restaurados. Mientras tanto, la comunidad cristiana se reúne para las celebraciones en el salón parroquial. Esperamos que las restauraciones con motivo del quinto centenario de La Habana lleguen también a los edificios de “extramuros”, y que la comunidad cristiana se mantenga viva en esta parroquia de Jesús, María y José.

Algunas curiosidades del templo

La actual imagen de la Sagrada Familia que preside el altar mayor del templo fue encargada por el padre Roberto Caraballo y Escobedo, quien buscó benefactores y organizó diversas actividades en la parroquia para obtener fondos. La otra imagen que era más pequeña se puso en el salón parroquial, y está actualmente en la sala de entrada que hace funciones de recepción y secretaría.
La imagen de bulto de Jesús Nazareno tiene un rostro que suscita piedad y devoción en los fieles que la veneran. Tuvo una cofradía muy activa y una capilla dedicada en el ala izquierda del templo, aunque progresivamente han desaparecido los cofrades, como sucedió con la archicofradía de la Caridad que también tuvo numerosas actividades.
Una de las imágenes más llamativas e imponentes del templo es la de san Blas por su gran tamaño, su confección de caoba y su policromía, algo deteriorada por el tiempo. Mucha gente sigue admirando está imagen a cuyos flancos tiene dos leones vigilantes.
En la torre del templo se conservan cuatro campanas de diferente tamaño y con mediocre estado de conservación. Cada una de ellas cuelga de su correspondiente yugo de madera en los arcos que tiene el campanario orientados a los puntos cardinales.
La campana del sur está en mal estado, arpada y sin badajo. No está inscrito el año de su fundición, pero tiene un cuño bien conservado que dice: “Construida por José Calbeto”, y está adornada en todo su perímetro superior con una curiosa orla en relieve.
La campana del norte es la más grande, aunque tiene una arpadura leve. Está en uso y tiene un badajo que produce un sonido lastimero. Tiene grabado el año de fundición: 1827, y una cruz de adorno.
La campana del oeste está en regular estado de conservación. Lleva inscrito en su perímetro la fecha de fundición: AÑO 1828, y una cruz de adorno. No se toca porque carece de badajo.
La campana del este es la más antigua y mejor conservada. Aunque es pequeña, tiene badajo y produce buen sonido cuando se repica. Tiene la siguiente inscripción: AÑO DE 1692. SANCTE IOSEPH ORA PRO NOBIS. (Podríamos suponer, como conjetura o hipótesis, que esta antigua campana perteneció a la primitiva ermita y que bien pudo ser una donación del Arsenal o del Real Astillero de San José).
En la antigua sacristía del templo se conserva un cuadro de grandes proporciones pintado al óleo, donde aparece la Virgen del Carmen rescatando a las almas del purgatorio, cuya autoría se atribuye al pintor Nicolás de la Escalera, o algún pintor de su escuela.
Durante los 250 años de la parroquia se han celebrado en ella alrededor de 73 000 bautismos, y 9 500 matrimonios, aunque la mayor parte de ellos se realizaron durante el siglo xix y la primera mitad del siglo xx. En la parroquia se asientan también los bautismos y matrimonios que se celebran en la capilla del Santo Cristo de Limpias.
En algunos Libros de bautismos y matrimonios hay constancia de visitas pastorales de algunos obispos. Por ejemplo, monseñor Francisco Fleix Solans visitó la parroquia el 3 de junio de 1848 (L 2, Matrimonios de Pardos y Morenos, f. 108); monseñor Manuel Santander y Frutos, realizó tres visitas: el 16 de enero de 1889 (L 3, f. 99 v 100), el 8 de mayo de 1891 (L 3, f. 101) y el 22 de marzo de 1897 (L 3, f. 116).
Aunque no disponemos de abundantes datos biográficos, el recuerdo del sacristán Rosendo Granda perdura, y existen muchos testimonios de la grandeza espiritual de este músico, cantor y ministro de los enfermos, que participó en la parroquia desde 1985 hasta el 27 de septiembre de 2008, fecha en que falleció. Sobresalió por su buen carácter, dedicación a los enfermos, honradez, amistad, alegría, sinceridad y servicio. Junto a él tendríamos que nombrar a muchas personas, cristianos laicos, que han dado testimonio de fe, esperanza y caridad, en particular, a las catequistas.

Sobre los párrocos

Los presbíteros con mayor tiempo de permanencia en la parroquia son:
Manuel José del Rincón, superior del Oratorio San Felipe Neri, quien proyectó y construyó la primera ermita y comenzó el trabajo pastoral en el barrio;
Gregorio Álvarez, el primer párroco, quien permaneció en el ministerio durante más de veinte años, hasta su ancianidad, lo que se percibe en la caligrafía de los últimos asientos de bautismo y matrimonio que realizó de manera diligente y ordenada;
Rafael Medina, que estuvo durante veinte años en la parroquia; le tocó la remodelación en 1851 y la declaración como parroquia de término en 1853;
Manuel de Jesús Dobal, quien sirvió como ministro durante quince fecundos años de apostolado, en tiempos de cambio social y eclesial que llegaron con la independencia de Cuba;
Francisco García Vega, el sacerdote que más tiempo sirvió en esta parroquia, en donde entregó la vida después de servir en ella durante cuarenta y tres años.
Roberto Caraballo que se mantuvo en la parroquia durante veinte convulsos años, hasta el final de su vida.
Martirián Marbán y los Hijos de la Caridad, quienes, en tiempo de crisis y carestía, fueron misioneros que se iban relevando para servir en esta parroquia, sensibles a la realidad social del barrio, durante treinta años.
Esperamos, en un futuro próximo, escribir la biografía de alguno de estos dedicados y generosos párrocos. Ω

CURAS PÁRROCOS Y TENIENTES CURAS
CURAS PÁRROCOS Y TENIENTES CURAS

Notas

1 Cf. Fernando Ortiz: Los negros curros, La Habana, 1986, p. 15.
2 El Hospital del Pilar se edificó en 1685, y en 1717 se amplió la construcción y se destinó a la Factoría de Tabacos, que daría nombre a la calle Factoría. El edificio remodelado sería Hospital Militar de 1842 hasta 1896 en que se trasladó a las alturas cercanas a la colina del Castillo del Príncipe, donde hoy está el Hospital Calixto García. El inmueble del antiguo hospital se transformó en escuela primaria en los primeros años de la República; allí se fundó en 1915 la Escuela Normal, y en 1922 se estableció el Cuartel San Ambrosio, hasta 1960. Desde entonces, el edificio ha cumplido diversas funciones, y una parte del mismo ha sido restaurado recientemente para alojamiento de médicos y maestros. En una de las azoteas del edificio se aprecia el muro donde marcaba las horas el reloj de sol más antiguo de La Habana. Desde este cuartel se comunicaban con el Castillo de Atarés.
3 El Astillero de La Habana fue de los más famosos del mundo. En él se construyeron grandes navíos y buques. Tal vez, el más famoso entre los buques de guerra fue el Santísima Trinidad, con 140 cañones en tres niveles distintos de fuego.
4 Algunos autores señalan que la primera misa se ofició el 8 de noviembre de 1756, pero no hay documento fehaciente que lo acredite. (Cf. Orlando Bravo: Jesús María, un barrio de cultura y tradición, La Habana, 2006, p. 21).
5 En una breve nota sobre el origen de la parroquia, escrita el año 2010, el P. Martirián Marbán dice: “Según la tradición, el nombre de la parroquia viene del nombre del fundador Manuel José del Rincón, que, junto al de sus padres, formaron los nombres de la Sagrada Familia: Jesús, María y José”. (No cita documentos que confirmen la tradición a la que alude).
6 La parroquia de Jesús, María y José fue auxiliar de la parroquia de Guadalupe, que estaba situada inicialmente en la intersección de las calles Águila y Monte, pero después se trasladó y construyó sobre las ruinas de la antigua ermita del Cristo de la Salud, donde actualmente se levanta la basílica menor de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.
7 Libro 1 de Negros y Pardos (1773-1778), folio 1, partida 1 [al margen]: “María de la Luz Dámaso. Miércoles veintidós de Diz.bre de mil setecientos setenta y tres. Yo B.er. D.n. Gregorio Alvarez, Thte Cura B.do de la Ygl Aux.ar de Jesus Maria y Jph en extramuros de la ciudad de la Hav.a Bpt.cé y puse los SS oleos a una párb.la (párvula) que nació a once del corriente. Hija legítima de Juan de Oria y de Nicolasa Gómez nat.es de esta d.ha ciudad y de esta jurisdiz en la qual exerci las sacras ceremonias y preces y puse por nombre Maria de la Luz Dámaso. Fue su padrino el Cap.n D.n Juan Domínguez a quien advertí del parentesco espiritual que contraxo, y lo firmé: Br Gregorio Alvarez”. [Nótese que al nombre femenino de María de la Luz se le añadió como patrón el del santo del día en que nació: san Dámaso].
8 Libro 1 (Matrimonios de Pardos y Morenos 1773-1821), folio 1, partida n. 1 [al margen]: “Lorenzo Torres y María Josefa Díaz, carabalí. En la Ygl.a Au.ar de Jesus María y Jose, extramuros de esta ciudad de La Havana, habiendo presedido las diligencias ordinarias y proclamadose, sin haver resibido impedimento, Yo B.r Dn Gregorio Alvarez, Th.e de Cura Bdo de dha Ygla, en ella desposé por palabras de presente según orden de Ntra Sta Madre Ygla, a Lorenzo de Torres, carabalí esclavo de Don Felipe de Torres, y a Josefa de la misma nación, esclava de Dn Agustín Díaz, residentes en esta jurisdicción, y preguntándoles tuve por respuesta su mutuo consentimiento, de lo que fueron testigos Dn Fran.co Galves y Dn Pedro de la Luz Ordenes. Padrinos: Jose Antonio Castilla y Ma de los Dolores Pardo. Estavan abiles en la doctrina christiana, confesaron y comulgaron, y lo firmé en onze de Diz.bre de mil setecientos setenta y tres años. Br. Gregorio Alvarez”.
9 Las parroquias “de término” tenían más categoría y privilegios que las “de ingreso”, “de ascenso” y “auxiliares”.
10 Esta fue una de las obras educativas gratuitas de las Hijas de la Caridad por la cual tuvieron predilección, y muchas de ellas dirigieron y trabajaron en este centro educativo.
11 Para verificar el nombre de los párrocos y su permanencia he consultado los tres Libros de Matrimonios de Pardos y Morenos (L), desde 1773 hasta 1913, y los veintiséis Libros de Bautismos Generales (LBG), desde el 1902 hasta el 2019. Es de notar los títulos de los presbíteros que regentan la parroquia: teniente cura, cura encargado, cura interino, cura párroco.
12 Cf. Boletín Oficial Eclesiástico de la Diócesis de La Habana, año XII, número 9 (1915), p. 243.

Bibliografía

Archivo del Arzobispado de La Habana.
Archivo Parroquial de Jesús, María y José.
Libro 1 (784 partidas matrimoniales de pardos y morenos, desde 1773 hasta 1821).
Libro 2 (778 partidas matrimoniales de pardos y morenos, desde 1822 hasta 1861).
Libro 3 (298 partidas matrimoniales de pardos y morenos, desde 1861 hasta 1913).
Arrate, José Martín Félix de: Llave del Nuevo Mundo, México, Fondo de Cultura Económica, 1949.
Bravo, Orlando: Jesús María, un barrio de cultura y tradición, La Habana, 2006.
Calcagno, Francisco: Diccionario biográfico cubano, La Habana, 1878-1898.
Cartas, Francisco: Recopilación histórica y estadística de la jurisdicción de La Habana por distritos, hallándose en cada barrio las noticias de historia que le corresponden, como asimismo el curso de población según las poblaciones hechas hasta la fecha, La Habana, 1856.
Fernández Santelices, Manuel: Las antiguas iglesias de La Habana, Miami, Editorial Universal, 1997.
Friguls, Juan Emilio: Templos católicos de Cuba, La Habana, Publicigraf, 1994.
Morell de Santa Cruz, Pedro Agustín: La visita eclesiástica, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1985.
Ortiz, Fernando: Los negros curros, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1986.
Pezuela, Jacobo de la: Diccionario geográfico, estadístico e histórico de la Isla de Cuba, Madrid, Imprenta del Establecimiento Mellado, 1863, tomo 3.

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