Representa quien te simpatiza

Por: Daniel Céspedes

Hombres representativos
Hombres representativos

“A la fórmula emersoniana
‘sólo interesa vivir,
no haber vivido’,
había respondido Carlyle,
sentando que ‘una vida bien escrita
es casi tan rara
como una vida bien vivida’”.
Félix Lizaso

¿Qué nos llega del individuo? ¿Por qué alguien se dedica a escribir sobre lo humano ajeno y al mismo tiempo familiar? Una forma de vida diferente y singular. No es casual que los inicios del género biográfico tuvieran intenciones elogiosas antes que moralizar. Desde escritores antiguos como Plutarco; desde Vasari y algunos de sus coterráneos; desde los cronistas de Indias y los que vinieron después, ¿qué se busca en el biografiado? Buscamos actitudes y aptitudes humanas que nos inspiren a ser hombres y mujeres mejores en el mundo. Queremos encontrar la intimidad y personalidad simpáticas. Por lo general, sentimos un aporte emotivo y ético al leer de otras existencias.
Agradecemos las atenciones a figuras históricas de biógrafos reputados de la contemporaneidad como Stefan Zweig, Emil Ludwig, André Maurois…; sin embargo, los reparos de los actuales Ian Gibson y Paul Johnson en personalidades, sean escritores y artistas, no tienen ningún desperdicio. Ahora, hay autores que, sin pretenderlo, también han concebido, a medio camino entre la semblanza y el ejercicio crítico, una suerte de biografías dignas de considerar, caso de George Santayana cuando dio a conocer sus Tres poetas filósofos; también de José Ortega y Gasset cuando, excusándose porque no era un historiador del arte, redactó sobre Velázquez y Goya sendos libros meritorios. Al transitar por la obra del historiador Jules Michelet, concibió Roland Barthes un volumen excepcional. Por conocer al hombre y al creador, Jorge Mañach amoldó su extraordinaria biografía Martí, el Apóstol… y, antes que estos últimos mencionados y otros como Leon Edel y Lytton Strachey, está la figura del estadounidense Ralph Waldo Emerson (1803-1882), quien escribió en 1850 Hombres representativos, conjunto de ensayos biográficos sobre autores que estaban y aún están en la categoría de clásicos.
Emerson vivió en un siglo donde lo biográfico proliferó para bien y para mal, pues, según Félix Lizaso,
“[…] en el siglo xix adquiere características de lamentable epidemia, y en tiempos más cercanos llega a verdaderos límites de descrédito, desde que, como apunta Wilbur L. Cross, un hombre cualquiera capaz de pagar su precio, puede hacerse escribir y publicar su vida en dos gruesos volúmenes, incluyendo su correspondencia, e ilustrándolos con sus propias fotografías y las de los sitios en que ha vivido y hecho fortuna”.1

En las primeras páginas de Hombres representativos (“Utilidades de los grandes hombres”) se detiene el autor en la función o “la moral de la biografía” para exponer los criterios que prevalecerán en su libro. Apreciamos no solo al líder del trascendentalismo,2 sino al partidario de las revoluciones y cambios determinados por una minoría influyente en el resto de la humanidad. De hecho, es un humanista que cree en la fuerza del entendimiento humano. Mas no confía en ningún absolutismo empezando por el del propio imperio de la razón. Muestra asimismo un respeto hacia la naturaleza y aboga por que cada cual contribuya al mantenimiento de cuanto ella concede. El “Nuevo Pensamiento” de Emerson acoge las ventajas de la industrialización amparada en la ciencia. Sin embargo, por la creencia en la unidad del mundo y de Dios, y en la permanencia del primero, defiende el filósofo una humanización que comience incluso por el mismo lenguaje técnico, el cual no quiere complejizar. Él aspira a propiciar la armonía entre todos y todo. El ser humano –piensa Emerson– es más voluntarioso conforme entienda más, si bien los afectos influyen. Por otra parte, legitima la relatividad y variabilidad (“Todos en turno son maestros y discípulos”) de la especie humana en su transcurso vital porque “ninguno de nosotros es un ser completo”. De estas iniciales páginas se desprende, además –y esto es una actitud epocal–, su subestimación de las mujeres al generalizar (menciona muy pocos nombres de féminas) una sujeción de ellas con respecto a la elevación moral e intelectual de sus maridos. Cuando él plantea: “La vida es dulce y soportable solamente por nuestra fe y confianza en tal compañía; en realidad o en idea, nos familiarizamos con estos seres superiores”, ratifica a montón su machismo arraigado.
Incluye Emerson en Hombres representativos a Platón, Swedenborg, Montaigne, Shakespeare, Napoleón y Goethe. La lista breve es también significativa por el orden: el filósofo, el místico, el escéptico, el poeta, el hombre de mundo y el escritor. Este elenco es un resumen de facultades y condiciones para un tiempo de agilizada modernidad: el pensamiento y lo espiritual, las doctrinas y los impulsos, la razón y la pasión. Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, al centrarse en cada uno de estos individuos tiene necesariamente que considerar a más personalidades, cuando no a personajes que avalen la singularidad de los protagonistas mencionados. Así nos dice del alumno de Sócrates: “La manera de conocer a Platón es comparable, no con la Naturaleza, sino con los demás hombres”.
Ahora, al participar de cuanto relaciona como pensador, ¿no nos está diciendo que, al fin y al cabo, todos somos hombres representativos? Pues sí, lo que nos echa en cara Emerson es que siempre existirán aquellos sujetos sobresalientes –“seres activos”– para estimular o guiar a la gran mayoría. Por tanto, no subestima, ya que implica a las posibles o probables maneras de ser y estar en el mundo: “Todos somos sabios en potencia, aunque muy pocos en acto. Con un hombre prudente que halla en una reunión, todos son prudentes: tan rápido es el contagio”.3
¿Procede solo como moralista y crítico o estamos en presencia de un mero redactor de semblanzas que narra sicologías de personajes famosos? Conocedor de varias ramas del conocimiento, Emerson es capaz de biografiar, mientras va haciendo crónica y balance de otras épocas. Tampoco pierde la ocasión de hacer crítica de arte como cuando ensaya sobre el Bardo de Avon en “Shakespeare, o el poeta”. Aquí se lee:

“Ya es una recala de la literatura, que cualquiera que se ha mostrado capaz de escribir con originalidad, tiene derecho para fusilar a discreción las obras del prójimo. El pensamiento es de quien lo hace y de quien lo comprende y de quien lo pone en su sitio. En sabiendo aprovechar los pensamientos ajenos, ya son propios”.4

En resumen, su método es el de la confluencia genérica. No obstante, se permite un estilo sencillo y coloquial, donde advertimos las citas bien traídas o colocadas en un discurso atractivo. No se extrañe el lector que, sin abusar, Emerson tienda a lo sentencioso. Las sentencias muestran al pensamiento seductor gracias a un lenguaje sólido por estetizado. Y, aun consciente de sus virtudes como escritor y pensador, congeniamos enseguida con el hombre por ese tono amable con que intenta y, no pocas veces, consigue persuadirnos.
Según Rafael Esténger: “Lo que da a la biografía amenidad novelesca no es la invención de acontecimientos, sino precisamente ‘la espera de lo porvenir, el que cada día nos encontremos al borde de un abismo que es el mañana’. […] pero el exceso de las definiciones, como en algunas biografías de Stefan Zweig, transforma el interés narrativo en el fervor teorizante del ensayo”.5 Para Emerson, ensayar y relatar en la biografía es tanto una comodidad como un acierto. “Entre el terreno de la literatura e historia operan como vasos comunicantes y en el caso del género biográfico resulta impredecible ya que está sujeto a la ficción del novelista. La biografía es intelección del pasado, por tanto es historia”.6

Ralph Waldo Emerson.
Ralph Waldo Emerson.

Después de los criterios de Gastón Baquero y José Rodríguez Feo –sin olvidar el importante ensayo de José Martí– de la obra y figura de Ralph Waldo Emerson, nos llega la primera edición cubana de Hombres representativos, un libro, en verdad, más mencionado que leído en nuestro contexto. Agradecemos al equipo de la Editorial Capiro (Santa Clara, 2018) la atinada idea de acercar al lector a una obra aún tentadora por vigente del llamado con razón “el sabio de Concord”. Ω

Notas
1 Félix Lizaso: “Nuevo concepto de la biografía”, en Cuadernos de la Universidad del Aire, núm. 26, 15 de julio de 1933, La Habana, Editorial Minerva, p. 153.
2 Al referirse al movimiento filosófico, político y literario estadounidense que prosperó entre 1836 y 1860, recuerda José Rodríguez Feo: “En síntesis, el trascendentalismo apuntalaba esa fe casi religiosa en la democracia que los fundadores de la nación habían forjado sobre los principios de los philosophes de la Revolución Francesa. Pero si éstos basaban su filosofía racionalista en las ideas de Newton y Locke, los trascendentalistas de Nueva Inglaterra incorporaban a la suya el idealismo alemán de Kant, Fichte, Schelling y Hegel”, en Temas norteamericanos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1985, pp. 29-30.
3 Ralph Waldo Emerson: Hombres representativos, Santa Clara, Editorial Capiro, 2018, p. 23.
4 Ibídem, p. 145.
5 Rafael Esténger: “El arte de la biografía”, en Cuadernos de la Universidad del Aire del Circuito CMQ, núm. 10, noviembre de 1949, La Habana, Talleres de Editorial Lex, p. 54.
6 Rafael Acosta de Arriba: “La biografía, búsqueda del ausente” en Los silencios quebrados de San Lorenzo, 3era. edición corregida y aumentada, La Habana, Ediciones Abril, 2018, p. 71.

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