¿Qué buscas? El orden y el desorden

Por: Paulinos en Cuba

Paulinos en Cuba
Paulinos en Cuba

El orden o el desorden, antes que estar afuera de ti, están en tu interior. Lo externo suele ser un reflejo de lo que pasa dentro de nosotros.
El orden, o su contrario (el desorden), puede darse:
en tu casa o recámara,
en las cosas que posees o empleas,
en el escritorio o sitio de tu trabajo,
en las ideas que tienes en la mente,
en el lenguaje con que te expresas,
en el modo como empleas los medios técnicos
o de confort,
en la manera como te alimentas,
en la importancia que le das a los acontecimientos…
Los antiguos romanos decían: “Guarda el orden y el orden te guardará a ti”. No se referían únicamente a la colocación de cada cosa en su debido lugar, sino también al orden en los pensamientos y a una adecuada sucesión en los actos que se cumplen.
El desordenado actúa sin ton ni son, porque no prioriza previamente sus actividades. Las realiza como se va presentando la ocasión, guiado más por sus impulsos que por la inteligencia. La persona ordenada planea sus acciones y las cumple dándole prioridad a las más importantes o urgentes.
El desordenado acumula cosas, prácticamente las amontona; por eso, cuando busca algo que le hace falta, no sabiendo dónde lo ha puesto, remueve todo, pierde tiempo y hace más grande su desorden. La persona ordenada se guía por la sentencia: “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”. Cuando necesita algo, sabe dónde encontrarlo.
¿Y qué decir del orden en las ideas? Una persona es confusa en su modo de hablar cuando hay desorden en su mente. Con una persona así es difícil dialogar, pues pasa de un tema a otro sin concluir nada; alude a hechos sin precisar sujetos y menciona sujetos sin precisar acciones. En pocas palabras, no se le entiende. El extremo desorden se vuelve caos, mientras que el orden es armonía.

Tres sugerencias prácticas
Aunque no hay recetas universales para el mejoramiento del orden en la vida de las personas, estas tres sugerencias pueden ser eficaces:
1. practica mucho la reflexión; revisa tus ideas; identifica lo que para ti es muy importante y por qué lo consideras así;
2. ármate de una libreta o cuaderno, donde vayas apuntando datos o ideas interesantes que escuches o leas, frases de autores, refranes y sentencias; eso te ayudará a reconocer y reforzar tus convicciones más arraigadas;
3. sírvete de una agenda, donde pongas por escrito las cosas que te propones realizar, los acontecimiento previsibles, las fechas que hay que tener en cuenta, etc.
Quiero evocar aquí la lección que me dio una de mis cuñadas, la cual se acordaba siempre de los cumpleaños y aniversarios de toda la familia. Era para nosotros como una memoria viviente; gracias a ella, no se nos pasaban fechas en que era un deber familiar felicitar a alguien. Un día le pregunté: “¿Cómo le haces para acordarte siempre de fiestas, cumpleaños y aniversarios de toda la familia, no obstante ser tan numerosa?”. Me contestó de inmediato: “Muy sencillo: tengo todas esas fechas anotadas, y antes del comienzo de cada mes, chequeo mi agenda…”. Debo añadir que esa cuñada mía es muy ordenada. Gracias a esa cualidad, su casa se ve siempre limpia y confortable.

La esencia y raíz del orden
El orden, como todas las virtudes, requiere equilibrio.
El orden ha de ser como una atmósfera saludable; no tiene que resultar como algo sofocante, pues no se trata de una disciplina impuesta, sino de una conquista adquirida.
Es preciso, pues, evitar que el orden se vuelva una obsesión. Estoy pensando ahora en una pareja de amigos a la que estimo mucho, pero de la que repruebo la manía de orden en que han caído. Tienen un hijo todavía muy pequeño y alguna vez he sentido lástima de él, convencido de que sus papás lo están induciendo a vivir reprimido sin que se dé cuenta todavía. Cuando vaya a la escuela o conozca otros hogares, no sabrá cómo comportarse. Yo he notado que a la casa de esos amigos llegan pocos visitantes; cuando otros familiares van a visitarlos, llegan sin niños, porque ya saben que allí los chicos no tienen cabida, pues no pueden moverse, ni gritar, ni tirar nada. La manía de orden que allí se ha instalado, se percibe como una camisa de fuerza. Lo que debiera ser armonía es represión.
El orden no tiene por qué ser rígido. El mejor orden es el que se percibe espontáneo, natural, no forzado.
La anécdota que voy a contarte, la leí en un viejo libro.
Este era un santón que vivía en un monasterio oriental. Tenía a su cargo la formación de tres novicios, candidatos a ser, también ellos, monjes virtuosos. Un día le pidió a uno de ellos, para poner a prueba su obediencia: “Ocúpate de arreglar el jardín lo mejor que puedas. Hazlo en silencio y con toda tu inteligencia”. El novicio puso manos a la obra con prontitud. Ocupó en su tarea casi tres horas y, cuando creyó haber terminado, se presentó ante su maestro para anunciarle: “He terminado la tarea que me encomendaste. La cumplí con toda diligencia y estoy satisfecho”. “Permíteme ir a ver”, le respondió el santón, y se puso de pie para supervisar el trabajo del novicio. Cuando estuvo frente al jardín, que se veía del todo limpio y recién regado, el santón se puso las manos en la cabeza y exclamó: “¿Pero qué hiciste? ¡Esto es una barbaridad! Dime dónde echaste las hojas secas que recogiste”. El novicio le indicó el lugar y el santón tomó en una cesta unas cuantas de esas hojas y las fue colocando aquí y allá sobre el césped. Luego se puso de nuevo a distancia para mirar cómo se veía el jardín con ese retoque, y le dijo al novicio: “Ahora sí ha vuelto a ser bello nuestro jardín. Cuando le quitaste todas las hojas caídas, lo habías despojado de su naturaleza”.
Para entender más a fondo la esencia del orden, bastaría mirar el firmamento en una noche libre de nublados. Los astros y las estrellas se perciben como partes vivas de un todo bien estructurado, donde los varios elementos son distintos e independientes y a la vez están relacionados unos con otros. La creación es como una inmensa armonía sin fronteras en la cual casi puede escucharse la “música de los astros”.
También en las pequeñas cosas, el orden debe reflejar, en cierto modo, la belleza y armonía de la creación. Ω

4 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*