Huella católica en las calles habaneras: Calle Amargura

Calle amargura

Calle amarguraSegún la tradición, esta calle tomó su nombre del Vía Crucis que los miembros de la orden franciscana celebraban en ella, hasta la Ermita del Humilladero –más tarde parroquia del Cristo del Buen Viaje–, desde mediados del siglo xvii y que tenía sus estaciones en diferentes cuadras de la vía. Esta piadosa práctica tiene lugar todavía en la tarde del Viernes Santo, aunque con algunos cambios en su trayectoria.
Se le llamó también “de la Cruz Verde”, porque en la esquina de la calle Mercaderes se colocó una para marcar la estación correspondiente, que aún permanece en su lugar, cuando ya han desaparecido las otras de la calle.
Además, se conocieron como “de las Piadosas Mujeres”, las cuadras ubicadas entre las calles Villegas y Compostela, según unos por unas hermanas, Josefa y Petrona Urrutia, que acostumbraban a iluminar los viernes un Cristo que tenían en la fachada, pero otros aseguran, quizá con mayor exactitud, que el apelativo derivaba de la ubicación, cerca de la calle Compostela, de la estación del Vía Crucis en la que unas piadosas mujeres lloran por Jesús.
En Aguiar y Amargura se encontraba el antiguo Convento de San Agustín, que luego pasó al Estado español, cuando fueron exclaustradas las congregaciones religiosas. En un ala de él, hizo abrir el obispo Espada en 1812 una Escuela de dibujo, dirigida por el pintor Vermay que fue el antecedente de la Academia San Alejandro. Décadas más tarde, el Estado se reservó una parte del convento donde se edificó la Academia de Ciencias Físicas y Naturales, y el templo en la esquina de Amargura, con el resto del convento fueron restaurados y ocupados por los franciscanos. La iglesia, puesta bajo la advocación de san Francisco, es una de las más amplias y llamativas de esa parte de la ciudad y cuenta con pinturas murales del español Martínez Andrés. Ω

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