¿Qué buscas? DEJAR DE BEBER

Paulinos en Cuba
Paulinos en Cuba

“No es fácil…”, es una expresión que conocemos y que usamos bastante. Cuando se trata de librarse de la tiranía del alcohol, la frase adquiere mayor significado.
Son incontables las personas que han caído en el vicio de la bebida y no saben cómo superarlo.
Entre los recuerdos imborrables que conservo desde la infancia está el de aquel compañero de escuela que una tarde me pidió: “Ayúdame a ir por mi papá…”. Me explicó de qué se trataba: teníamos que ir hasta un bar que su padre frecuentaba al salir de su trabajo. Allí, los días de pago, se emborrachaba hasta perder el conocimiento y quedar tirado en el suelo. Su afligida esposa, que no tenía acceso a ese lugar, le obsequiaba una moneda a su hijo para animarlo a que fuera a rescatar a su padre. Aquella vez en que yo ayudé a mi compañero, tuvimos que arrastrar por las banquetas al maloliente señor que había perdido salario y dignidad en aquel antro.
El tema de la bebida, cuando se transforma en vicio o llega a enfermedad, es tan complejo y delicado que resulta imposible desarrollarlo en un solo número. Comenzaremos, pues, con algunos aspectos generales.
En varias culturas se atribuye al vino y a otros productos espirituosos un origen divino, y esto ha dado lugar a mitos, a leyendas y a celebraciones rituales. En la tradición de muchos pueblos, estas bebidas son parte de las comidas y un elemento esencial en los festejos. Digamos, pues, abiertamente, que el vino y otras bebidas espirituosas no son de por sí productos malos. El problema está en el exceso.

Una pregunta espontánea
¿Por qué una persona bebe en demasía? Las causas pueden ser muchas.
Hay quienes beben por una inclinación heredada. Los hijos de padre alcohólico tienen más probabilidades de caer también ellos en el alcoholismo.
Otros beben por afición adquirida, a fuerza de frecuentar lugares donde se toma o andar con amigos bebedores.
Algunos beben inducidos por el abatimiento o por la presión de problemas no resueltos. En tales casos, la bebida es una falsa compensación o una fuga contraproducente. Muchos siguen pensando que es posible “ahogar las penas”.
No falta quien toma para vencer la propia timidez o cobardía. Es el caso de quienes se envalentonan o se vuelven fanfarrones cuando están borrachos. Es también el caso de quienes se ponen sentimentales y hasta lloran cuando se les suben las copas.
En resumen, el exceso en la bebida tiene, normalmente, como base una carencia, no una virtud o fortaleza.
Dejar de beber –el tema anunciado– se refiere a quienes han sobrepasado el límite de lo aceptable y necesitan adoptar un plan de liberación. De esto nos ocuparemos posteriormente. Ahora nos limitaremos a focalizar un objetivo que todos deberíamos proponernos: cómo beber con moderación.
Ya hemos señalado que el vino y otras bebidas forman parte de tradiciones muy arraigadas en muchas culturas. El arte y la literatura lo ratifican. En las culturas mediterráneas, por ejemplo, el pan de trigo y el vino de uva son dos productos infaltables en la mesa. Basta recordar que Jesucristo quiso coronar su enseñanza compartiendo con sus apóstoles el pan y el vino e identificándose él mismo con esos elementos. Reiteramos, pues, que lo reprobable no son las bebidas que alegran y confortan, sino su consumo inmoderado.

Cómo beber con moderación
Proponemos algunas estrategias útiles para quienes desean asegurar la moderación en la bebida.
Propóngaselo con firmeza: “Observaré siempre la moderación en la bebida”. Este propósito es más realizable que el de la abstención absoluta.
Evite a toda costa entrar en lugares donde se sabe de antemano que se va allí para beber y divertirse sin restricciones, y evite también la compañía de supuestos amigos que abiertamente invitan a tomar. Decir: “No, gracias, no me gusta tomar”, podría suscitar una reacción burlesca momentánea, pero en el fondo se aprecia a las personas que no se doblegan.
En los encuentros sociales o de familia en que es normal el ofrecimiento de vino o licores a los comensales, una buena estrategia para la moderación es mantener la propia copa el mayor tiempo posible llena o casi llena sin consumirla. Los meseros distinguen fácilmente a los moderados y dejan de ofrecerles más bebida.
Así como el tener en casa varias botellas hace más difícil la moderación en la bebida, el no tener vinos o licores a la mano, o tenerlos en muy pequeña proporción, hace más fácil el moderarse. Conclusión: disminuya el riesgo no acumulando botellas.
Nunca beba solo, aunque a eso trate de empujarlo una situación difícil. No lo haga tampoco por simple gusto. El beber solo y por puro gusto puede ser el comienzo de una dependencia.
Considere la moderación una virtud. Lo es, efectivamente, y ya se sabe que toda virtud auténtica es de buen ejemplo. Así como el borracho daña la propia persona y le hace un mal a su familia y a la sociedad, una persona capaz de beber sin perder la sobriedad es un ejemplo de equilibrio, de carácter firme, de sabiduría práctica. Ω

2 Comments

  1. I simply want to tell you that I am newbie to blogs and truly loved your web site. Almost certainly I’m planning to bookmark your website . You definitely have terrific posts. Thanks a bunch for revealing your blog site.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*