Nadal-Federer: rivalidad diferente en el tenis mundial

Por: Nelson de la Rosa

Nadal-Federer
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El deporte está marcado por la rivalidad. En la competencia, todos son rivales en busca del premio más importante, y tanto a nivel colectivo como individual algunos duelos se convierten en legendarios, épicos y pareciera que no tienen final.
El tenis no es la excepción, y la rivalidad entre el español Rafael Nadal y el suizo Roger Federer roza la leyenda. Son los dos mejores jugadores del mundo desde hace por lo menos quince años y se disputan la cima y los principales premios mucho antes de que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo se convirtieran en la porfía más seguida en el fútbol mundial.
Roger Federer y Rafael Nadal jugaron su primer encuentro en marzo de 2004, en la tercera ronda del Miami Masters. El suizo, entonces con veintidós años, se estrenaba como número uno del mundo, luego de vencer en dos torneos del circuito Grand Slam, mientras Nadal apenas era un juvenil de diecisiete años y su nombre ni se asomaba a los primeros mil de la clasificación de Tenistas Profesionales.
Sin embargo, aquel partido duró una hora y diez minutos y en contra de todo pronóstico ganó el jovencito español 2 sets por 0 y marcadores de 6-3 y 6-3. De ahí a la fecha se han enfrentado en treinta y ocho oportunidades con veintitrés victorias para Nadal y quince para Federer.
Antes de entrar en los elementos que también hacen sui generis esta rivalidad, quiero dar algunas estadísticas para ilustrar cómo ha sido de épica esta porfía.
Comencemos por la máxima categoría, el circuito Grand Slam que incluye cuatro torneos: Melbourne (Australia), Wimbledon (Inglaterra), París (Francia) y Nueva York (Estados Unidos). El primero y el último se disputan sobre la llamada superficie dura, mientras que el segundo es sobre césped y el tercero en tierra batida o arcilla. Este dato es importante, porque no todos los jugadores mantienen el mismo rendimiento en todos los escenarios.
Por tal motivo, triunfar al menos una vez en los cuatro torneos habla a las claras de la calidad del jugador. Ese es el caso de Federer y de Nadal. El suizo se ha impuesto ocho veces en Wimbledon, seis en Australia, cinco en Nueva York y solo una vez en París. Es decir, muy bueno sobre césped y cancha dura pero menos en tierra batida.
Nadal es lo contrario. La arcilla de París lo ha visto ser Campeón once veces, mientras en Nueva York ha ganado en tres ocasiones, dos sobre el césped inglés y solo uno en Australia.
Sacando cuentas, Federer ha ganado veinte torneos de Grand Slam y Nadal diecisiete, aunque es bueno recordar que sus carreras no son totalmente paralelas, pues Roger llegó antes al circuito profesional.
En estos Grand Slam han disputado entre ellos doce partidos y el Rafa lleva ventaja de 9-3. De esos duelos, nueve han sido en finales y el español ha ganado seis: cuatro veces en París, uno en Australia y uno en Wimbledon, mientras los éxitos de Federer son dos en Inglaterra y uno en Australia. Caprichosamente, no han discutido nunca la final en Estados Unidos. Hace poco terminó la edición del presente año y el suizo fue eliminado en cuartos de final, mientras Nadal tuvo que abandonar por lesión en semifinales frente al argentino Juan Martín del Potro, a la postre subtitular.
El segundo circuito en importancia es el Máster 1000, que incluye los torneos de Indian Wells, Miami y Cincinnati (Estados Unidos), Montecarlo y París (Francia), Shanghái (China), Madrid (España), Hamburgo (Alemania), Montreal (Canadá) y Roma (Italia). Los ganadores de cada lid agregan mil unidades a su acumulado en el Ranking Mundial, el cual es actualizado cada semana.
En estas lides, que también se juegan sobre superficies diversas, Rafael Nadal es claro dominador con treinta y dos títulos por veintisiete de Roger Federer.
Los resultados demuestran que Nadal es un “fuera de serie” sobre arcilla. Sobre esa superficie el español tiene balance de once victorias por dos frente a Federer. Sin embargo, este domina en cancha dura (11×9) y en césped (2×1).
Hasta aquí lo que dicen los números. Sin embargo, su influencia en el tenis va mucho más allá del resultado de un partido o la acumulación de premios en cualquier superficie.
Los especialistas los han calificado de diferente manera. Rafael Nadal siempre se ha caracterizado por ser un “luchador”, mientras Roger Federer posee un talento natural.
Al respecto, hace poco Rafa se refirió a sus principa-les armas: “Siempre se ha magnificado mucho mi espíritu, mi fuerza interior, mi lucha y mi entrega. Creo que los he tenido, es evidente, hay mucha gente que los tiene, pero uno no gana lo que he ganado yo, si tenísticamente no está superdotado”.
Para Nadal el talento es algo que la gente confunde: “No es jugar bonito o golpear muy fuerte la pelota”. En el tenis, y en todo el deporte, el objetivo final es ganar. “El que gana más es el que tiene más talento. Es el que consigue hacer una determinada actividad mejor”, afirma el tenista, que siempre ha huido de las grandes euforias cuando logra un triunfo, como tampoco tiende al dramatismo cuando sobre él se cierne la adversidad.
Mientras tanto, Roger Federer cree que su gran relación con Nadal se debe al tremendo respeto que sienten el uno por el otro y hace poco en una entrevista dijo: “Recuerdo que cuando Rafa llegó al circuito era muy tímido y respetuoso con el deporte y con aquellos que estaban en el top, especialmente conmigo, que era el número uno. Él estaba de acuerdo con lo que yo decía. Luego desarrolló su propia personalidad, con sus propias opiniones. Eso fue muy interesante para mí, ver cómo Rafa fue creciendo y convirtiéndose en el campeón que es hoy”.
Su relación es tal que los autores españoles Antonio Arenas y Rafael Plaza publicaron recientemente el libro Rafa & Roger en la Editorial Libros Cúpula.
Rafa y Roger han elevado el tenis a una nueva dimensión. Sus duelos despiertan la atención de los fanáticos en el mundo entero y son muchos los niños que se acercan a este deporte después de verlos jugar.
Son jugadores que inspiran por su ejemplo. Y más allá de la calidad tenística de los duelos, es importante imitarlos por los valores humanos que encarnan fuera de la pista. Juntos han vivido momentos que los han unido para siempre, de tal manera han compartido lágrimas, han reído juntos a carcajadas, mutuamente se han consolado y de manera constante se felicitan por sus éxitos.
Son el referente ideal. Sus actuaciones demuestran que para triunfar hay que trabajar y exigirse cada día. Y cada conferencia de prensa que dan, ya sea juntos o por separado, incluye una pregunta sobre el otro.
Recuerdo que el pasado año en Nueva York los periodistas insistieron con Nadal luego de conquistar en Grand Slam el número dieciséis en su carrera y la respuesta del español se hizo viral en las redes sociales: “No quiero que parezca que soy su novio, jjj pero Roger siempre ha sido un gran embajador para el tenis y para nuestro deporte, con buena imagen, por supuesto, y representando buenos valores… alguien capaz de hacer lo que hace manteniendo la pasión y el amor por el deporte”.
Precisamente en el 2017 cumplieron un viejo sueño: jugar juntos. El hecho tuvo lugar en la Copa Lever, un torneo de exhibición en Praga. Al final el viejo Federer dijo a los periodistas: “Volveremos a ser rivales, gracias a Dios, o desafortunadamente, o como prefieran verlo. Pero esto fue muy especial. Fue un placer absoluto compartir cancha con Rafa, estar del mismo lado de la red. El ver que puedes confiar en grandes momentos, ver cómo toma decisiones, cómo piensa… Son recuerdos para toda la vida”.
Ambos saben lo que es tener que dejar la cancha, regresar y volver a ser el número uno. El suizo, con treinta y cinco años, estuvo seis meses fuera por una cirugía en la rodilla izquierda y dolencias en la espalda, mientras el mallorquín, a los treinta años, tuvo que salir del mismísimo Grand Slam de París por una seria lesión en la muñeca.
Los especialistas no pensaron que regresarían y mucho menos que volverían a ser los mejores del mundo. Sin embargo, la mezcla de trabajo y talento en ambos marcó un giro inesperado y los dos regresaron a la cima del tenis mundial.
“Fedal” es la palabra que surgió en el mundo del tenis para identificar la rivalidad, una de las más trascendentales en todos los deportes. Treinta y ocho partidos marcados por estilos de juego distintos y lucha sin darse cuartel.
Así son Rafael Nadal y Roger Federer, los protagonistas de la rivalidad deportiva más grande en el tenis mundial, muy alejada del morbo publicitario que rodea a futbolistas, jugadores de baloncesto y peloteros. Nunca entre ellos ha habido guerra, como no sea la de ganar el punto en un partido, quizás por eso, porque prevalece el respeto y la admiración por el trabajo constante, son el referente mundial de lo que me atrevo a llamar la sana y elegante rivalidad deportiva.
Ojalá que su ejemplo motive no solo a tenistas sino a atletas de todas las disciplinas. Ω

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