Pasión por el arte del mosaico

Por: Miguel Terry Valdespino

Pasión por el arte del mosaico
Pasión por el arte del mosaico

Los orígenes del mosaico se remontan a muchos siglos atrás, quizás a la época de Alejandro Magno. Pero la historia que ahora cuento es más reciente y se remonta a la sala de una vivienda de Bauta, nombre de un pueblo y municipio de la provincia artemiseña, donde reside el protagonista de esta entrevista, el artista de la plástica Rael Rodríguez Capote.
Sin ningún protocolo –los amigos no lo necesitan–, pero con una taza de café mediante –que el amigo entrevistador casi exige–, Rael accede a responder varias preguntas que guardé durante algunos meses en mi agenda de trabajo, sin que en ese tiempo encontrara espacio para ponerlas enfrente de este destacado exponente del arte del mosaico.
No hay grabadoras ni orden hierático mediante en una entrevista amistosa que nos toma una mañana entera. Todo fluye ad libitum, como reza la célebre frase en latín; “a placer, a voluntad”, como diríamos nosotros en clarísimo castellano. Así es mejor. Hubo un café, seguramente habrá otro, y el apuro quedó en otra parte. Tiene entonces la palabra, toda la palabra, el artista bautense.

¿Cuándo comienza tu vocación por la pintura?
“Creo que comenzó desde que abrí los ojos al mundo. En la escuela primaria pasaba mucho tiempo convirtiendo las tizas en pequeñas esculturas que después regalaba a mis compañeros de aula. Como yo siempre obtenía buenas notas, mi maestra, Ana Margarita Pila, me permitía ciertas libertades que no les permitía a los demás alumnos.
”Uno de mis tíos, Juan Esperón, era entonces un importante diseñador y siempre me ayudó a inclinarme por las artes plásticas. A Juan se debió el diseño de la imagen de reconocidos perfumes como Alicia Alonso, Mariposa y Tabaco”.

Además de la pintura, ¿en qué otras vertientes de las artes visuales has incursionado?
“He incursionado en la escultura y la ambientación, el grabado, la artesanía. Durante quince años trabajé, diario y muy duro, en el Centro de Industrias Locales de Bauta. Allí aprendí a diseñar cafeteras, muebles, zapatos, maracas, ropas, candados… y también aprendí el arte de la ebanistería. Este tipo de reto diario me ayudó muchísimo a madurar como creador.
”Por entonces asistía, en PABEXPO, a cada edición de la Feria Internacional del Mueble, la Ambientación y el Estilo (FIMPE). Era un evento más completo y exigente que el de hoy, pues entonces la evaluación era especialmente rigurosa para poder acceder a ese espacio”.

¿Cuál fue tu primera experiencia en los predios del mosaico?
“Hace ya muchos años vi en la televisión un documental sobre cómo se realizaban, de manera rústica, los mosaicos en España. Me sentí impactado realmente ante aquellas obras. Traté de hacerlos en mármol, pero era muy complicado. Finalmente hice el primero, un paisaje en casa de una prima, hija de Juan, a base de cerámica, cristal, piedra semipreciosa, alabastro y mármol”.

Has trabajado con mucha frecuencia el arte de connotaciones religiosas. ¿Cuestión de gusto, de fe o de mayores oportunidades? ¿Qué encuentras de especial en este tipo de arte?
“Siempre dejo en claro y con mucho orgullo que soy católico. Por eso, cuando trabajo el arte religioso, no lo hago pensando en beneficios ni en fama alguna, sino en mis deberes para con la Iglesia católica y en el placer de servirle con gusto a Dios y a ella.
”Mis experiencias al respecto comenzaron en mi propio pueblo, cuando el padre Jorge Luis Pérez Soto, presbítero de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, quien ya había visto un mosaico mío en la Casa Municipal de Cultura, me invitó a sumarme a la restauración de esta iglesia, la cual estaría acompañada de un mosaico de San José en una de sus paredes exteriores, pues al reinaugurarla se llamaría Nuestra Señora de la Merced y San José.
”Yo le sugerí que fuera mejor la Sagrada Familia, por encerrar esta un concepto más abarcador. Fue una obra de dos y medio metros de alto por dos metros de ancho, y fue inaugurada por S.E.R. Jaime Ortega Alamino, hoy cardenal emérito, el 4 de marzo de 2011.
”Conmovido ante la vista de esta pieza, monseñor Carlos Manuel de Céspedes me invitó a restaurar el mosaico vidriado de René Portocarrero, existente en la iglesia católica de Playa Baracoa. Este proyecto pudo concretarse al fin tras la muerte de monseñor Carlos Manuel, a quien el día de la inauguración le había obsequiado un platillo donde aparecen la glorieta de Bauta y la iglesia de Nuestra Señora de la Merced”.
Pero entonces apenas estabas en el comienzo de tu colaboración con la Iglesia católica.
“No era en verdad el principio, pues siempre he colaborado con la Iglesia católica; pero sí era el principio de hacer obras de mayor connotación. Por entonces, se estaba fabricando la nueva sede de la Conferencia de Obispos Católicos, en El Vedado, y monseñor Juan de Dios, que ya conocía mi obra, me pidió realizar tres mosaicos para este sitio: uno con el presbítero Félix Varela, otro con san Pablo y el tercero con san Pedro, todos en un formato de 2,5 metros de alto por 2 metros de ancho.
”En ese período, yo había comenzado a realizar un mosaico de Jesús con los discípulos de Emaús para el altar de la iglesia de San Antonio de los Baños, que finalmente se concluyó junto con la sede, el ambón y las catorce estaciones del Vía Crucis. También en este templo pudimos trabajar en la decoración de los arcos interiores, columnas y techos; y realizamos un mosaico de La última cena para la iglesia de Güira de Melena, a solicitud de su párroco”.

Siempre que puedes mencionas el nombre de tus colaboradores…
“Sí, son jóvenes talentos de las artes plásticas que se han empeñado en aprender esta complicada técnica. Los primeros fueron Harold Álvarez y Jeffrey Sandoval, y actualmente Andy Hernández, graduados de la Escuela Provincial de Arte Eduardo Abela. Con ellos trabajé en el Félix Varela para la Conferencia de Obispos, en obras para el altar, la sede y el Vía Crucis de la iglesia de San Antonio de los Baños y en el Espíritu Santo para la iglesia de Santa Teresita, en Santiago de Cuba. En la concreción de este último proyecto sería imposible no mencionar el apoyo de Emilio Cueto, un gran amigo personal y un profundo estudioso de la cultura cubana”.

Obsequiaste una de tus obras al Papa Benedicto XVI y otra al Papa Francisco durante la visita de estos Pontífices a Cuba. ¿Cómo viviste estas experiencias tan singulares?
“Fueron dos experiencias extraordinarias: en la primera, con el Papa Benedicto XVI, me las di de atrevido y, por mi propia cuenta, comencé a elaborar un tríptico con la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, a fin de entregárselo durante su visita a Cuba. Entonces me dijeron: ‘No pierdas tu tiempo, te vas a frustrar, nadie le entregará tu obra’. Pero no me rendí. Cuando fui a ver al padre Vladimir Aguilar, este pensó que yo llevaba otro tipo de obra, pero cuando vio la Virgen quedó asombrado. A él le agradezco toda la gestión para entregársela al Santo Padre, que todavía la conserva, según me han asegurado.
”Cuando ya iba a ocurrir la visita del Papa Francisco, me llamó el padre Jorge Luis Pérez Soto, en nombre de los organizadores de la visita, para implicarme en la restauración de la Catedral de La Habana. Esta experiencia fue conmovedora, porque vi de cerca la manera en que trabajan los maestros del mosaico del Vaticano. Ellos montaron un mosaico vidriado de dos ángeles en el retablo del altar y me permitieron trabajar con ellos.
”En ese momento, me enfrasqué en la realización de una cruz de estilo bizantino, finalmente elegida para representar a los jóvenes cubanos en el encuentro de jóvenes católicos, que se celebraría en nuestro país, y bendecida por el Papa Francisco.
”Con el fin de entregarlo especialmente al Papa Francisco, me fui enfrascando durante mis horas de descanso nocturno, en la realización de un San José con un niño cargado y dormido, al amparo de su protección. Cuando le comenté mis intenciones al padre Jorge Luis, este me dijo: ‘¡Adelante, no te detengas!’. En cerca de quince días lo realicé y fue entregado al Santo Padre en la Nunciatura Apostólica.
”Tras bendecir la cruz, cuando ya se marchaba el Papa Francisco, S.E.R. el cardenal Jaime Ortega me llevó para saludarlo personalmente y le dijo que yo era el autor de la cruz que acababa de bendecir.
”El Papa me dio su bendición y yo le di las gracias por su especial cercanía al pueblo cubano. Le pedí que se cuidara mucho y entonces señaló hacia el cielo antes de decirme: ‘Él es quien me cuida’. Me puso la mano en la cabeza como si yo fuera un niño y ese gesto tan desenfadado lo guardo en mi corazón y en mi memoria como el gesto de un padre sencillo y cercano”.

Vivir en Bauta, es decir, fuera de la capital, y trabajar el mosaico, ¿no se han dado de narices a la hora de reconocer el valor de tu obra?
“No me ha afectado para nada. Lo importante no es si vives en la capital o en un pueblo de campo, sino el valor de tu obra y tu disposición a trabajar. Vivir en Bauta, ser parte de sus instituciones culturales y de sus creadores me llena de un orgullo extraordinario. A Dios y a mi pueblo, refugio espiritual del grupo Orígenes, le agradezco todo lo que soy… y espero ser”. Ω

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