¿Qué buscas? Dejar de beber II

Por: Paulinos en Cuba

Paulinos en Cuba
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¿Eres ya un alcohólico?
Cuando la inclinación a la bebida se vuelve irresistible… Cuando los propósitos hechos y las amonestaciones recibidas ya no surten efecto y se sigue cayendo en la borrachera… Cuando beber se siente como una necesidad imperiosa y se recurre a cualquier medio para conseguir una botella… Cuando se bebe no únicamente en compañía sino también a solas, sin nada que celebrar o evocar… Todos estos síntomas nos hablan de ALCOHOLISMO, que ya no es simplemente un vicio sino una enfermedad implacable.
Hablamos de enfermedad, porque el organismo y el sistema nervioso del alcohólico están tan alterados que el consumo de alcohol les resulta indispensable. Cuanto más alcohol se ingiere, más se intensifica la intoxicación de las células, a tal grado que, al dejar de beber, el cuerpo reacciona hasta el estremecimiento o temblor.
Otros signos de alcoholismo son:
negarlo tenazmente, a pesar de las evidencias;
esforzarse por aparentar normalidad;
inventar justificaciones y minimizar los efectos de la bebida;
recurrir a la mentira y exacerbar la fantasía;
caer en la depresión o volverse demasiado extrovertidos;
evocar eufóricamente éxitos pasados o hacerse la víctima;
tener lagunas mentales.

Hay instituciones que ayudan a superar el alcoholismo
El alcoholismo es una enfermedad terrible y requiere un tratamiento largo y delicado. Sobre todo, un tratamiento adecuado. Es del todo necesaria la colaboración de los demás, en especial de la familia.
Combatir el alcoholismo es el propósito de muchas instituciones. Desde el siglo xx, han surgido hermandades con ese fin; sobresale, desde 1935, Alcohólicos Anónimos (AA) que, además de sus programas para la recuperación de alcohólicos, se esfuerza por introducir en la opinión pública la convicción de que el alcoholismo es una enfermedad. No es fácil asumir esta convicción plenamente; de hecho, aun entre los que admiten que el alcoholismo es una enfermedad, no es raro que algunos sigan tratando el caso como una flaqueza moral.
No obstante, es absolutamente necesario que la persona interesada sea la que tome la iniciativa para luchar contra su enfermedad, pues no lo hará mientras no experimente y reconozca los terribles efectos del alcohol y quiera combatirlo. Las mejores resoluciones suelen surgir después de una fuerte crisis provocada por la bebida. Tratar de inducir al alcohólico a un tratamiento que él no quiere seguir es contraproducente. Solo cuando él mismo expresa el anhelo de superar la enfermedad, resulta eficaz darle aliento, mostrarle confianza y asegurarle la ayuda que él acepte recibir.
La comprensión es fundamental para ayudar a un alcohólico. Hay que entender su situación, pero no celebrarla; apoyarlo, pero no volverse su facilitador; hacerle ver el daño que se hace a sí mismo y a los demás, pero sin emplear frases o actitudes humillantes o acusatorias.
Hay que ayudarlo, además, a recuperar la confianza en sí mismo y a restablecer la autoestima. El nivel más peligroso de autodegradación es no ver ya la distinción entre una condición de envilecimiento en que se ha caído y la dignidad intrínseca de la propia persona. Cuando esto sucede, el individuo pierde también su capacidad de trascendencia. Por eso en los programas de AA es de sumo valor ayudar al alcohólico a poner su confianza en el Omnipotente y sentir que cuenta con la colaboración de los demás.
Un principio de AA dice: “Si quieres beber, el problema es tuyo, pero si quieres dejar de beber el problema es nuestro”. Este principio, naturalmente, no hay que asumirlo sin las estrategias de AA, que no dicta reglas, sino acompaña, sugiere, motiva… Quienes desean colaborar para la recuperación de un alcohólico, han de adoptar como requisitos básicos: la empatía, el conocimiento y la experiencia; también ellos deben adiestrarse pacientemente y seguir las orientaciones de los expertos.
Tanto AA como otras instituciones de ayuda a los alcohólicos, se proponen contribuir a que los interesados recuperen valores interiores y se propongan un cambio de hábitos, es decir que adopten libremente un nuevo programa de vida.
Los famosos “Doce pasos”
El tratamiento del alcoholismo no es fácil ni puede ser rápido. Se llega a esta enfermedad luego de un largo período de “flaquezas”, y no se sale de ella sin un largo proceso de “fortalezas”. Las estrategias de AA se identifican bastante (sin limitarse a ello) con la manera como se va ayudando al alcohólico a dar pasos de superación sucesivos. Esos pasos son doce y los vamos a resumir, con la previa advertencia de que no constituyen ni un reglamento o prontuario, ni encierran una fórmula mágica. Son objetivos que, de acuerdo con la pedagogía de AA, el enfermo se va proponiendo y alcanzando. Es fácil notar el papel fundamental que en ese proceso de recuperación del alcohólico tiene su interioridad y su relación con el Todopoderoso.
Los doce pasos son:
1. reconozco que yo era impotente ante la presencia del alcohol;
2. debo admitir que un poder superior a mí puede devolverme la salud;
3. deseo entregar mi voluntad y mi vida a los cuidados de Dios, en la forma como yo lo concibo;
4. hago un inventario moral minucioso de mi situación;
5. ante Dios, ante los demás y ante mí mismo, admito la naturaleza de mis faltas;
6. me entrego completamente y dejo que Dios quite mis defectos de carácter;
7. humildemente le pido a Dios que me libre de mis imperfecciones;
8. hago una relación de las personas a las que he perjudicado y me propongo reparar el mal ocasionado;
9. hago lo posible por reparar el daño que les hice a tales personas;
10. sigo haciendo un inventario personal y, si descubro que en algo he actuado equivocadamente, lo admito de inmediato;
11. con la oración y la meditación procuro mejorar mi relación con Dios y le pido me muestre su voluntad en cuanto a mi vida y me dé fuerzas para cumplirla;
12. habiendo experimentado con estos pasos un despertar espiritual, trato de trasmitir el mensaje a otros alcohólicos y de practicar estos principios en todas mis actividades. Ω

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