Momentos

Texto y fotos Lázaro Numa Águila

Cardenal Jaime Ortega y el Papa Francisco en su visita a Cuba
Cardenal Jaime Ortega y el Papa Francisco en su visita a Cuba
Cardenal Jaime Ortega
Cardenal Jaime Ortega

Son pocas las oportunidades en que se consigue documentar gráficamente parte de la trayectoria de una personalidad. Generalmente esto lo pueden hacer reporteros o personas miembros de un mismo equipo de trabajo. Hay que conocer agendas, tener acreditaciones y estar equipado tecnológicamente para lograr algún resultado. Lo dicho hasta aquí es “solo” requisito mínimo que le brinda al fotógrafo determinadas ventajas y seguridad, el resto es cuestión de habilidad personal. Suele suceder que disponiéndose de los medios técnicos y formales, se pierda la fotografía por cualquier insignificante detalle. Téngase presente que una instantánea es solo un momento fugaz. El arte fotográfico precisa de dominio técnico, instinto, predicción, pero sobre todo, conocimiento de la actividad que se está cubriendo y del lugar donde ocurre.
En el transcurso de varios años tuve la dicha –quizás la suerte– de coincidir en determinados momentos con el cardenal Jaime Ortega Alamino, una figura pública de relevancia, pero a la vez accesible como persona. Realmente fueron “momentos” surgidos como frutos de variadas circunstancias. Unas veces porque la actividad tenía la envergadura que justificaba su presencia, otras porque la casualidad me ponía en el lugar o porque yo presuponía que debía asistir. El hecho es que siempre que hacía acto de presencia, me esforzaba por conseguir alguna instantánea de él. La figura me resultaba motivadora e interesante desde el aspecto visual, máxime conociendo su trayectoria.
Lo que dificultaba casi siempre mi empeño era el tipo de actividad en la que coincidíamos, mayoritariamente de carácter religioso, donde se impone una ética, por elemental sentido del respeto, y la movilidad es limitada. Súmese a esto que uno de los lugares más complejos para hacer fotos son las iglesias. Los templos poseen una iluminación ambiental poco adecuada para ese tipo de trabajo y el uso del flash se restringe al mínimo para que no provoque destellos desagradables en medio de cualquier acto litúrgico. Si a eso le agregamos que por la jerarquía que poseía siempre ocupaba un lugar en lo alto del presbiterio o en primera fila, la lejanía hacía la cuestión más complicada.
Aún con esas condicionantes, de alguna manera me las arreglaba para conseguir una imagen, subrayo que no siempre fueron buenas. Hoy me propongo mostrar solo algunas de ellas a los lectores, como tributo póstumo y reconocimiento justo a la figura que nos acaba de abandonar. Serán de determinados momentos que estimo trascendentes, aunque por la estatura de la figura, tuvo la oportunidad de ser protagonista en hechos de enorme significación histórica donde, como es lógico, ni por asomo podía estar yo presente.

Cardenal Ortega camina por la Calzada del Diez de Octubre
Cardenal Ortega camina por la Calzada del Diez de Octubre

Comenzaré por el día 17 de noviembre del año 2011. En esa soleada tarde, el cardenal Ortega caminaba por la Calzada del Diez de Octubre. Tras él, la patrona de todos los cubanos, la Virgen de la Caridad del Cobre, seguida por un mar de pueblo. Como el Buen Pastor siempre a la cabeza de su rebaño, subía la empinada cuesta. Paso sereno, sudor sobre su frente, mirada tranquila, quizás meditativa. Así fue que alcanzó la cima de la histórica loma de la iglesia de Jesús del Monte, luego de haber recorrido en peregrinación gran parte del territorio de la diócesis. Se trató de un esfuerzo supremo para un hombre de su edad.
Terminado el agotador recorrido, sin tomarse un respiro, se dirigió durante más de quince minutos a una multitud que lo escuchó atentamente y con profundo respeto. No lo recuerdo descansando un segundo. Se mantuvo muy atento a todos los detalles concernientes a la estancia de la Virgen en la parroquia. Constantemente daba instrucciones antes que se permitiera la entrada del público al templo. Luego atendió a cuantas personas se aproximaron a él para saludarlo o ser bendecidos.
Otro momento del prelado que pude perpetuar fue en la tradicional procesión de tributo a nuestra Patrona, que todos los años organiza la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad. Esta fue la del 8 de septiembre del año 2015. Sabía que se encontraba en ella y lo busqué constantemente hasta hallarlo. Allí estaba, en el medio de la calle Galiano, báculo en mano, cubierto con su mitra y portando sus ornamentos. Iba rodeado por una multitud que se empeñaba en marchar junto a él en pleno corazón de Centro Habana, algo que para muchos pudiera resultar complicado por más de una razón.
Jamás olvidaré el 20 de septiembre del año 2015. Ese día el cardenal llegó junto al Papa Francisco a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de la calle Reina. Luego de innumerables esfuerzos para lograr colocarme frente al portón principal del templo, tras una larga espera y justo en el momento decisivo, se levantó delante de mí un enorme cartel que me tapó toda visibilidad, solo atiné a levantar la cámara y apretar el obturador cuantas veces pude, no tuve tiempo ni espacio para observar la pantalla. Lo mismo ocurrió a la salida de ambas personalidades del templo. A pesar de que las imágenes conseguidas no tienen calidad de concurso, para mí poseen un gran valor, son el testimonio de haber estado en el sitio en ese memorable instante. En más de un fotograma aparecía el cardenal Ortega y Su Santidad Francisco.
Siempre me llamó poderosamente la atención la simpatía que despertaba en las personas. Cuando la figura del cardenal aparecía en público, todos se centraban en él y querían establecer contacto, aunque fuera breve. Lo recuerdo un día de Pentecostés en la Catedral. Al hacer la entrada por la puerta de la sacristía, los presentes aplaudieron su llegada. Cuando terminó la misa, fue rodeado a la salida por gran parte de los que allí se encontraban, con ellos conversó de forma amena un buen rato.

Cardenal Jaime Ortega y el nuevo arzobispo de La Habana, Monseñor Juan de la Caridad García
Cardenal Jaime Ortega y el nuevo arzobispo de La Habana, Monseñor Juan de la Caridad García

Una imagen que me impacta, entre todas las que pude hacerle y conservo en mi archivo, es la que le tomé el día 22 de mayo del año 2016 en la puerta de la Catedral. Esperaba la llegada de monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, el día de su asunción como arzobispo de La Habana.
La última vez que tuve el privilegio de hablar con el purpurado fue el día del lanzamiento de su libro Encuentro, diálogo y acuerdo. El Papa Francisco, Cuba y Estados Unidos.1 Fue en el Aula Magna del Centro Cultural Padre Félix Varela. Tuvo la gentileza de hacerme una dedicatoria en el ejemplar que había adquirido y conservaré siempre.
En las primeras horas de la mañana del día 26 de julio nos embargó la esperada noticia de su fallecimiento. Él fue el segundo cardenal de la historia de la Iglesia católica cubana.2 El hombre inteligente de alta vocación de servicio que siempre cumplió sus obligaciones como párroco, que supo superar los dolores sentidos en carne propia en tiempos de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), el de un activo papel en el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), el de una aguda visión reconciliadora y actitud mediadora, un constructor de puentes en medio de mareas altas y profundos diferendos entre orillas opuestas. Sin reserva alguna, Su Eminencia fue el gran dialogante cubano de nuestro tiempo.
Rememorando estos momentos visuales, perpetuados todos por el lente de mi cámara en el transcurso de varios años y revisando un amplio cúmulo de notas sobre el cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino, es fácil percatarse del profundo vacío que deja su deceso. Ha perdido la Iglesia católica cubana a un guía, pero su magisterio ha dejado profundas pautas para el camino. Con su desaparición física Cuba vio partir hacia la eternidad a quien tiene un merecido lugar en el sitial de los hombres importantes de la patria.

Notas
1 Card. Jaime Lucas Ortega Alamino: Encuentro, diálogo y acuerdo. El Papa Francisco, Cuba y Estados Unidos, México, Ediciones Paulinas, S.A. de C.V, 1era. edición, 2017.
2 El primero fue el Card. Manuel Arteaga Betancourt (Camagüey, 28 de diciembre de 1879-La Habana, 20 de marzo de 1963), en diciembre de 1945. Consúltese Pbro. Raúl del Valle: El cardenal Arteaga: resplandores de la púrpura cubana, La Habana, Talleres Poligráficos de Impresos Ramallo, noviembre de 1954.

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