Cuando un concierto nos llena el alma

Por: Miguel Terry Valdespino

Lo Cortez no quita lo Cabral
Lo Cortez no quita lo Cabral

“Él no es artista. Es un testigo.
Es un testimonio de lo que puede
hacer Dios con tu vida
si te dejas llevar por Él”.
Palabras de la Madre Teresa de Calcuta
acerca de Facundo Cabral.

Hace ya algún tiempo, en el canal Clave de la Televisión Cubana, tuve la suerte de disfrutar de un breve (brevísimo más bien) fragmento del antológico concierto Lo Cortez no quita lo Cabral, protagonizado por los cantautores argentinos Alberto Cortez y Facundo Cabral. Pero era eso solamente: una tímida pizca de un concierto fuera de lo común.
Por suerte, debo haber escuchado (no visto, por desgracia) decenas y decenas de veces el mencionado concierto: en este, a las piezas musicales interpretadas por ambos, a dúo, o a una sola voz (La vejez, En un rincón del alma, No me llames extranjero…) se suman los más agudos chistes y las más profundas reflexiones, sobre todo de Cabral, acerca del amor, el sexo, la amistad, la poesía, la libertad, la esperanza, la religión, la humanidad…
No hay nada impostado en Lo Cortez no quita lo Cabral. La cultura se derrama sobre el escenario de una manera tan sencilla como auténtica y cautivante. Facundo, conversador natural y filosófico, humorista de lujo y poeta de fina raza, lleva la voz prima a la hora de promover y transmitir las ideas más luminosas de este concierto, por donde desfilan, seguramente sonriendo, los fantasmas descomunales de Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Juan José Arreola, Juan Rulfo…, para ayudarlo a decir desde su veta lírica incontenible:

–En mi pueblo había un solo policía y un solo ladrón. Por eso cuando se nos perdía algo, ya sabíamos quiénes podían ser.
–Mi madre fue mi primera buena noticia. Se llamaba Sara y la elegí como madre por las mismas razones por las que Dios la eligió como hija.
–Hablando de Buenos Aires, Borges decía que era la ciudad más europea de América y la más americana de Europa.
–¿Cómo se puede vivir en aquello que no se ama?
–Ahora mismo le puedes decir ¡basta!, al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.
–Me gusta ver al león en libertad, espléndido debajo del Sol del mediodía.
–Mi abuelo, el coronel, se pasaba la vida haciéndole la guerra en el pueblo a cualquiera que pensara diferente.
–Cada cantor es una buena noticia porque cada cantor es un soldado menos.

Respecto a la Madre Teresa, quien lo había sostenido moral y anímicamente después de la trágica muerte de la esposa y la hija de Facundo en un accidente aéreo, cuenta el argentino este testimonio, tan breve como indiscutible:

–Una vez le dije: “Madre, nunca la escuché hablar de política”, y ella me dijo: “Yo no puedo darme el lujo de la política: una vez me detuve cinco minutos a escuchar a un político, y en esos cinco minutos se me murió un viejecito en Calcuta”.

La extraordinaria psicología libertaria de este cantor queda expresada vívidamente cuando cuenta en este concierto una experiencia vivida en el Lincoln Center, donde un periodista, “un tipo normal, con su bigote”, le aseguró que, si Dios fuera realmente justo, su obra debía tener tanta difusión y tanto éxito como la del español Julio Iglesias, a lo cual respondió Facundo:
–Dios sabe que Julio necesita más dinero para vivir, por eso le dio más éxito; pero, ¡cuidado!, Dios también sabe que yo necesito más libertad, por eso me hizo más libre.

Lamentablemente, Facundo Cabral murió acribillado a balazos en Ciudad Guatemala el 9 de julio de 2011, por obra y gracia de un matarife que descargó su rabieta o cobró sus haberes a costa de la vida del ser equivocado, pues en verdad pretendía eliminar físicamente al chofer del auto donde viajaba Facundo y no al argentino.
Pero el autor de No soy de aquí ni soy de allá dejó para la memoria joyitas como Lo Cortez no quita lo Cabral, un verdadero ejemplo de amor a los hombres y a ese mundo que “a pesar de tanto loco y tanto suicida, sigue siendo un paraíso”, tal como pensó de nuestro planeta el Facundo que un día se fue a cuidar leprosos junto a la Madre Teresa en la ciudad de Calcuta y otro día murió a consecuencia del odio más terrible y absurdo.
Y ahora, mientras vuelvo a escuchar por centésima vez las voces de Alberto y Facundo, vuelvo a preguntarme: ¿no habrá oportunidad para que la Televisión Cubana transmita, de manera íntegra, un concierto tan especial como este?, ¿no habrá manera de que lo haga después que lo promueva como mismo promueve no pocos seriales de violento y sangriento “linaje” o a intérpretes de dudoso talento?
¿Por qué, si estrellitas musicales, productos del marketing más ramplón, son presencia permanente (y sospechosa) en la pantalla casera, no puede ocurrir lo mismo con intérpretes de primera como los mencionados argentinos?
Creo que fue un teórico inglés el que dijo: “pretender una televisión culta es como pretender perfumarle el hocico a un cerdo”. Tarea vana, ¿no? Sin embargo, toca a nosotros apostar por la no resignación y no darnos jamás por vencidos, porque sabemos que una televisión más inteligente puede ser posible.
Y lo será, siempre y cuando se nutra de opciones y conciertos como el mencionado, y como otros (que los hay y recientemente los hemos visto) capaces de hacernos más generosa la vida y más coherentes los pensamientos en medio de una marea infectada por tantas opciones mediocres. Ω

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